¡Hola! Bienvenidos al blog de Nef
Soy: un hombre gay, historiador aficionado, monarquista, lector con pasión y blogger con dedicación, que se desempeña como editor en un diario local de Cancún, México.
¡La li ho! ^_^
Estaba tomando la ducha cuando pensaba en algo que @Yuumei me dijo la semana pasada que hablé con él, siendo tal dicho el que he cambiado mucho de cuando me conoció hace dos años y andaba en la agencia de viajes -el bendito "gran edificio blanco", alias, OT-.
Dos años son pocos, realmente un pizca de tiempo, y la verdad es que me asusta lo mucho que he cambiado en este tiempo. No es que tenga una fecha exacta para recordar, mucho menos es esta, pero esa llamada que comenté me ha hecho revolotear muchas cosas en la cabeza, pensar y recordar los mil y un detalles raros que en aquel momento creí que hacían mi vida "más gay" -estúpido-, pero que ahora veo, con sonrisa y satisfacción, que sólo eran babosadas de un Nef sin mucha confianza en si mismo.
¿Qué tanto dijo el Yuumei? Obviamente me explicó que era lo que veía en mí, el Nef del 2009 que no notaba en el Nef del 2007, y más evidente es que lo que mencionaré será la meditación propia sobre su amplio sentir. De cajón, por más que parece que todos los días me mandan a volar, lo que más puedo incluso notar por mi mismo, es que no ando "tras" de niños pendejos como antes. Enfocarse en mi labor, mi consabido por todos trabajo soñado, me ha hecho ganar un poco de confianza en mi mismo -aja-, al grado hacerme descubrir las tarugadas -por no decir otra cosa- que cometía en el pasado cuando andaba con ciertos niños-niñas en busca de... ¿afecto?
Me explico. Cuando hace unos ayeres Nef andaba de wilo, tenía una marciana atracción por gente más joven que yo, en su mayoría niños-niñas demasiado flamboyantes, demasiado absortos en idioteces que parece mentira que se creyeran al pie de la letra los estereotipos de la TV. ¿Por qué lo hacía? Porque no tenía satisfacción y pensé que andar con "niños" me haría sentir bien.... ¡ash! Que idiotizado andaba :-/. Sí, aún recuerdo lo terriblemente menso que me hacían sentir cuando salía con esa gente, esas personas tan vacías, presumidas y altaneras que, viendo a un casi adulto sin mucha confianza, tendían a juzgar y "hacerme ver" lo maravillosa que era su vida "independiente y libre". Claro, más menso era mi santa persona por seguirles el juego: tan poco confianza tenía en mí, que aceptaba lo que sea con tal de sentirme... bueno, ya no sé ni que quería con ellos.
De regreso al 2009, volteo a ver las cosas que he hecho en mis treinta añitos, y gracias a lo dicho por Yuumei, me da mucha alegría ver como, aunque tal vez ya no salgo tanto como antes, todas esas personitas vacías y huecas no son más que un curioso recuerdo con su bien plantada reflexión: son errores cometidos que nunca pasarán otra vez. Por cuestiones interneteras -o sea, aún tienen mi correo-e-, me llegan de vez en cuando las fotos a sus "metros" o "fotologs", y la verdad, juro sobre la tumba del Emperador Max que me hacen sonreír mucho al ver que, a dos años de haber salido con ellos, siguen absortos en la misma actitud, la misma pesadez y pretensión que mostraban, ¡vamos! Hasta tienen la misma cara de perdidos, haciendo lo mismo y, sobre todo, ensalsando su ignorancia a más no poder. De nuevo, ¿qué carajos hacía con esa gente?
El otro cambio interesante que notado había ya pero el Yuumei lo sacó a colación, es como poco a poco mi vida tiene un sentido más acorde con lo que realmente soy: desde el trabajo de mis sueños -con todo y el estres-, hasta el hecho de que tenga un espacio para escribir en una revista en línea, pasando por tener ahora amistades más pensadas, más edificantes para mi atolondrado cerebro. Y tal es muy cierto. Antes, aceptaba a medio mundo y pensaba que eran mi cuates, pero ahora soy tan, pero tan complicado de tratar y conocer, que prefiero enfocarme en muy pocas personas y a esas sí entregarle mi amistad y hacerlas parte de mi vida, y lo mejor es que ellos también me aceptan: o sea, doy en el clavo porque no ando repartiendo corazones por medio Cancún.
Pero bueno, la verdad es que con todo y todo, me siento como una persona muy feliz :-) de haber crecido tanto en dos años.
Saludos.
P.D. Visiten mi artículo en DRIP :-) http://www.drip.com.mx/
Credula vitam spes fovet er mellius cras fore semper dicit
La fe vitaliza neustras vidas, y nos hace pensar que mañana será mejor
La fe vitaliza neustras vidas, y nos hace pensar que mañana será mejor
Estaba tomando la ducha cuando pensaba en algo que @Yuumei me dijo la semana pasada que hablé con él, siendo tal dicho el que he cambiado mucho de cuando me conoció hace dos años y andaba en la agencia de viajes -el bendito "gran edificio blanco", alias, OT-.
Dos años son pocos, realmente un pizca de tiempo, y la verdad es que me asusta lo mucho que he cambiado en este tiempo. No es que tenga una fecha exacta para recordar, mucho menos es esta, pero esa llamada que comenté me ha hecho revolotear muchas cosas en la cabeza, pensar y recordar los mil y un detalles raros que en aquel momento creí que hacían mi vida "más gay" -estúpido-, pero que ahora veo, con sonrisa y satisfacción, que sólo eran babosadas de un Nef sin mucha confianza en si mismo.
¿Qué tanto dijo el Yuumei? Obviamente me explicó que era lo que veía en mí, el Nef del 2009 que no notaba en el Nef del 2007, y más evidente es que lo que mencionaré será la meditación propia sobre su amplio sentir. De cajón, por más que parece que todos los días me mandan a volar, lo que más puedo incluso notar por mi mismo, es que no ando "tras" de niños pendejos como antes. Enfocarse en mi labor, mi consabido por todos trabajo soñado, me ha hecho ganar un poco de confianza en mi mismo -aja-, al grado hacerme descubrir las tarugadas -por no decir otra cosa- que cometía en el pasado cuando andaba con ciertos niños-niñas en busca de... ¿afecto?
Me explico. Cuando hace unos ayeres Nef andaba de wilo, tenía una marciana atracción por gente más joven que yo, en su mayoría niños-niñas demasiado flamboyantes, demasiado absortos en idioteces que parece mentira que se creyeran al pie de la letra los estereotipos de la TV. ¿Por qué lo hacía? Porque no tenía satisfacción y pensé que andar con "niños" me haría sentir bien.... ¡ash! Que idiotizado andaba :-/. Sí, aún recuerdo lo terriblemente menso que me hacían sentir cuando salía con esa gente, esas personas tan vacías, presumidas y altaneras que, viendo a un casi adulto sin mucha confianza, tendían a juzgar y "hacerme ver" lo maravillosa que era su vida "independiente y libre". Claro, más menso era mi santa persona por seguirles el juego: tan poco confianza tenía en mí, que aceptaba lo que sea con tal de sentirme... bueno, ya no sé ni que quería con ellos.
De regreso al 2009, volteo a ver las cosas que he hecho en mis treinta añitos, y gracias a lo dicho por Yuumei, me da mucha alegría ver como, aunque tal vez ya no salgo tanto como antes, todas esas personitas vacías y huecas no son más que un curioso recuerdo con su bien plantada reflexión: son errores cometidos que nunca pasarán otra vez. Por cuestiones interneteras -o sea, aún tienen mi correo-e-, me llegan de vez en cuando las fotos a sus "metros" o "fotologs", y la verdad, juro sobre la tumba del Emperador Max que me hacen sonreír mucho al ver que, a dos años de haber salido con ellos, siguen absortos en la misma actitud, la misma pesadez y pretensión que mostraban, ¡vamos! Hasta tienen la misma cara de perdidos, haciendo lo mismo y, sobre todo, ensalsando su ignorancia a más no poder. De nuevo, ¿qué carajos hacía con esa gente?
El otro cambio interesante que notado había ya pero el Yuumei lo sacó a colación, es como poco a poco mi vida tiene un sentido más acorde con lo que realmente soy: desde el trabajo de mis sueños -con todo y el estres-, hasta el hecho de que tenga un espacio para escribir en una revista en línea, pasando por tener ahora amistades más pensadas, más edificantes para mi atolondrado cerebro. Y tal es muy cierto. Antes, aceptaba a medio mundo y pensaba que eran mi cuates, pero ahora soy tan, pero tan complicado de tratar y conocer, que prefiero enfocarme en muy pocas personas y a esas sí entregarle mi amistad y hacerlas parte de mi vida, y lo mejor es que ellos también me aceptan: o sea, doy en el clavo porque no ando repartiendo corazones por medio Cancún.
Pero bueno, la verdad es que con todo y todo, me siento como una persona muy feliz :-) de haber crecido tanto en dos años.
Saludos.
P.D. Visiten mi artículo en DRIP :-) http://www.drip.com.mx/
- Estado de ánimo:
cheerful - Música:Believe, por ARASHI
¡La li ho! ^_^
Ayer cuando salí un momento me encontré con la amiga a quien ayudé a conseguir escuela para sus hijos. Ella renunció al trabajo debido a la manera en como la explotaron, bien feo la verdad. Estaba esperando a un -ahora también- ex compañero de la redacción por X o Y; nos saludamos y despedimos para que regresara a la oficina. Caminando, me puse a pensar en la misión autoaceptada de mi parte: hacer al mundo feliz.
¿Qué tiene que ver? Pues andando me pongo siempre melancólico, pensativo y autocrítico de mis acciones, al grado en esta ocasión pensar si realmente estoy cumpliendo con mi cometido, con esa idea vaga y completa -es una contradicción, lo sé- de querer ver al mundo multicolor. Con la amiga moví muchas cosas y poco me importo quedarme sin un peso ese día para que pudiera encontrar escuela; también le cedí mil pesos para el pago de la colegiatura y esas cosas.
En otras cosas que trato de hacer, es ocupar la ridículamente llamada "ley del karma": hacer en otro lo que quisiera que hicieran por mí. Así, ahí me ven haciendo todo cuanto puedo para ver reír a las personas, poniendo todo cuando puedo para que sientan un momento mágico en la vida cuando están conmigo. No soy Amelie, así que tampoco ando corriendo por Cancún creando escenario fantásticos para mover sentimientos, pero sí trato de dar todo el cariño que mi corazón -tomado como fuente poética de los sentimientos- quiere dar. Obviamente no voy a poner las mil y un cositas que he hecho para ver sonreír a las personas, eso sería de muy poco gusto.
Lo que sí puedo mencionar es que a veces no sé si estoy haciendo bien las cosas conmigo mismo. No me siento deprimido como hace unos meses, de hecho he andado relativamente contento, cantando melodías simpáticas para mi mismo y pensando en que hacer con mi trabajo soñado. Sin embargo, siento que todo, todo ese cariño que he dado al mundo pues... pues... ¡ash! No siempre me lo regresan y a veces me canso de gritar para mi adentros porque me pasa tal cosa.
Dos antagónicos personajes en mi vida me han dicho que en mí ven a una "gran persona", pero que poco sirve si él que menos lo ve soy yo. De lo entendible se aprende, pero de lo no entendible se sufre, y yo, Nef, por más que trato y trato, muchas veces me dejo llevar por las nimiedades más nimiedades entre las nimiedades, haciendo que todo se vaya al traste y tenga los consabidos accesos de irritabilidad, molestia y coraje conmigo mismo, durante los cuales hasta el cariño y el amor se "ponen" en contra mía.
No sé bien a bien que es lo que sigue a esta reflexión tan profunda y reveladora sobre mi mismo: ¿dejaré de hacer al mundo feliz? ¿por primera vez me haré feliz a mi mismo? ¡Sabe! De cajón, nunca dejaré de ser yo mismo.
Lo único seguro es que al final del camino siempre estaré, con mi varita mágica en la mano derecha y mi corazón en la izquierda, esperando el momento en que recuerde en donde va mi corazón para entonces sí, poder usar la varita mágica.... sobre mi mismo.
Saludos
Vide Cor Meum
Mira mi corazón
Mira mi corazón
Ayer cuando salí un momento me encontré con la amiga a quien ayudé a conseguir escuela para sus hijos. Ella renunció al trabajo debido a la manera en como la explotaron, bien feo la verdad. Estaba esperando a un -ahora también- ex compañero de la redacción por X o Y; nos saludamos y despedimos para que regresara a la oficina. Caminando, me puse a pensar en la misión autoaceptada de mi parte: hacer al mundo feliz.
¿Qué tiene que ver? Pues andando me pongo siempre melancólico, pensativo y autocrítico de mis acciones, al grado en esta ocasión pensar si realmente estoy cumpliendo con mi cometido, con esa idea vaga y completa -es una contradicción, lo sé- de querer ver al mundo multicolor. Con la amiga moví muchas cosas y poco me importo quedarme sin un peso ese día para que pudiera encontrar escuela; también le cedí mil pesos para el pago de la colegiatura y esas cosas.
En otras cosas que trato de hacer, es ocupar la ridículamente llamada "ley del karma": hacer en otro lo que quisiera que hicieran por mí. Así, ahí me ven haciendo todo cuanto puedo para ver reír a las personas, poniendo todo cuando puedo para que sientan un momento mágico en la vida cuando están conmigo. No soy Amelie, así que tampoco ando corriendo por Cancún creando escenario fantásticos para mover sentimientos, pero sí trato de dar todo el cariño que mi corazón -tomado como fuente poética de los sentimientos- quiere dar. Obviamente no voy a poner las mil y un cositas que he hecho para ver sonreír a las personas, eso sería de muy poco gusto.
Lo que sí puedo mencionar es que a veces no sé si estoy haciendo bien las cosas conmigo mismo. No me siento deprimido como hace unos meses, de hecho he andado relativamente contento, cantando melodías simpáticas para mi mismo y pensando en que hacer con mi trabajo soñado. Sin embargo, siento que todo, todo ese cariño que he dado al mundo pues... pues... ¡ash! No siempre me lo regresan y a veces me canso de gritar para mi adentros porque me pasa tal cosa.
Dos antagónicos personajes en mi vida me han dicho que en mí ven a una "gran persona", pero que poco sirve si él que menos lo ve soy yo. De lo entendible se aprende, pero de lo no entendible se sufre, y yo, Nef, por más que trato y trato, muchas veces me dejo llevar por las nimiedades más nimiedades entre las nimiedades, haciendo que todo se vaya al traste y tenga los consabidos accesos de irritabilidad, molestia y coraje conmigo mismo, durante los cuales hasta el cariño y el amor se "ponen" en contra mía.
No sé bien a bien que es lo que sigue a esta reflexión tan profunda y reveladora sobre mi mismo: ¿dejaré de hacer al mundo feliz? ¿por primera vez me haré feliz a mi mismo? ¡Sabe! De cajón, nunca dejaré de ser yo mismo.
Lo único seguro es que al final del camino siempre estaré, con mi varita mágica en la mano derecha y mi corazón en la izquierda, esperando el momento en que recuerde en donde va mi corazón para entonces sí, poder usar la varita mágica.... sobre mi mismo.
Saludos
- Estado de ánimo:
tired - Música:S.O.S., por ABBA
¡La li ho! ^_^
Mayo ha sido un mes muy particular: creo que ha sido de las temporadas donde menos he escrito y a la vez, donde más he expresado lo que me pasa y siento en el trabajo, sin necesariamente caer en un aburrido monólogo de desventuras sentimentales como cuando estaba en los últimos meses en el "gran edificio blanco".
A la par de las cosas narradas, durante este mes he visto reflejada una parte de mis aventuras en una serie de ánime japonés: Hataraki Man. Esta serie narra las peripecias de Hiroko Matsukata, ambiciosa -en buena onda- periodista que trabaja para una revista como editora; entregada a su trabajo a más allá del cien por ciento de su concentración. ¿Algo familiar con mi vida? Sólo un poquito.
Evidentemente no haré un "review" de la serie, porque no soy experto o aficionado con suficientes elementos para hacer tan interesante labor... y tampoco es que haya pensando en tal cosa. Menciono la serie porque algunos aspectos del ánime me han hecho reflexionar, pensar e identificarme con ellos al traspolarlos a mi existencia laboral. ¿Cómo cuales podría ser? ¡Uf! Una pequeña pléyade de ellos, de los cuales uno resume todos: es lo que me gusta hacer.
Vocación
Muchas personas que han pasado por esta oficina preguntan como es que sigo acá después de todas las cosas que han sucedido; no se explican -y a veces tampoco yo- porque siento un gran ánimo cuando estoy trabajando, dedicado a mi labor que pareciera no hay otra cosa más en este mundo. ¿La respuesta? Me encanta mi trabajo.
Hace mucho tiempo alguien le preguntó a un ex compañero si realmente estaba en el diario porque le gustaba el periodismo o sólo porque no tenía otra cosa que hacer. Obviamente la pregunté rebotó y la tomé para mí, respondiendo que esto es lo que realmente quiero hacer.
Ahora, en el presente de la redacción, hay personas que no están acá porque realmente les guste ser periodistas -si es que arrojarme el manto me es permitido-. Están porque "es un trabajo", "es mi chambita" o simplemente porque es donde hacen segunda voz a otro empleo que se toman más en serio. Para mí eso es muy molesto, ¿por qué? Pues cuando estaba en OT, siento que debí ser más dedicado en lo que hacía para poder sentir parte de todo el conjunto laboral, y ahora que estoy "de este lado", los que realmente quieren hacer lo que están haciendo, veo con desagrado muchas actitudes mediocres que tenía en aquél tiempo.
¿A qué viene en todo esto la historia de Hiroko Matsukata? Ella también está donde quiere estar. En la redacción de Jidai, revista donde trabaja, hay una fauna laboral muy singular donde están presentes muchas situaciones que han pasado por La Verdad: el editor flojo que quiere le digamos todo para que investigue sus temas; el "Matsukato" que hace corajes -¿quién será?- porque otros no toman en serio su trabajo; las salidas al bar después del trabajo para descargar el coraje tras las aburridas reuniones con el director general donde para la redacción sólo hay regaños... ¿qué más puedo decir?
Yo, Nef
Yendo ya hacia la reflexión interna y sin comparaciones, el mes de mayo y la serie de ánime me han dejado perplejo y pensativo sobre la mar de cosas que tengo en la vida laboral. ¿Me gusta mi trabajo? Sí. Nada se compara a ver una plana editada por mi persona en los estantes de periódicos en la ciudad. ¿Me siento satisfecho? Sí, porque por primera vez en la vida, me siento donde siempre quise estar. ¿Es el final? No, porque aún hay mucho que aprender. ¿Te quedarás donde estás? No. Tengo muchas inquietudes e ideas que sé no serán desarrolladas acá; y tal vez más importante, sé que muchas cosas de las que faltan por aprender me esperan en otro lado: crecer se hace todos los días, pero los empujones hacia el éxito nunca están escritos.
Cada día me siento más feliz... aunque no lo vea al momento.
Saludos.
Labor omnia improba vincit
El trabajo tenaz todo lo vence
El trabajo tenaz todo lo vence
Mayo ha sido un mes muy particular: creo que ha sido de las temporadas donde menos he escrito y a la vez, donde más he expresado lo que me pasa y siento en el trabajo, sin necesariamente caer en un aburrido monólogo de desventuras sentimentales como cuando estaba en los últimos meses en el "gran edificio blanco".
A la par de las cosas narradas, durante este mes he visto reflejada una parte de mis aventuras en una serie de ánime japonés: Hataraki Man. Esta serie narra las peripecias de Hiroko Matsukata, ambiciosa -en buena onda- periodista que trabaja para una revista como editora; entregada a su trabajo a más allá del cien por ciento de su concentración. ¿Algo familiar con mi vida? Sólo un poquito.
Evidentemente no haré un "review" de la serie, porque no soy experto o aficionado con suficientes elementos para hacer tan interesante labor... y tampoco es que haya pensando en tal cosa. Menciono la serie porque algunos aspectos del ánime me han hecho reflexionar, pensar e identificarme con ellos al traspolarlos a mi existencia laboral. ¿Cómo cuales podría ser? ¡Uf! Una pequeña pléyade de ellos, de los cuales uno resume todos: es lo que me gusta hacer.
Vocación
Muchas personas que han pasado por esta oficina preguntan como es que sigo acá después de todas las cosas que han sucedido; no se explican -y a veces tampoco yo- porque siento un gran ánimo cuando estoy trabajando, dedicado a mi labor que pareciera no hay otra cosa más en este mundo. ¿La respuesta? Me encanta mi trabajo.
Hace mucho tiempo alguien le preguntó a un ex compañero si realmente estaba en el diario porque le gustaba el periodismo o sólo porque no tenía otra cosa que hacer. Obviamente la pregunté rebotó y la tomé para mí, respondiendo que esto es lo que realmente quiero hacer.
Ahora, en el presente de la redacción, hay personas que no están acá porque realmente les guste ser periodistas -si es que arrojarme el manto me es permitido-. Están porque "es un trabajo", "es mi chambita" o simplemente porque es donde hacen segunda voz a otro empleo que se toman más en serio. Para mí eso es muy molesto, ¿por qué? Pues cuando estaba en OT, siento que debí ser más dedicado en lo que hacía para poder sentir parte de todo el conjunto laboral, y ahora que estoy "de este lado", los que realmente quieren hacer lo que están haciendo, veo con desagrado muchas actitudes mediocres que tenía en aquél tiempo.
¿A qué viene en todo esto la historia de Hiroko Matsukata? Ella también está donde quiere estar. En la redacción de Jidai, revista donde trabaja, hay una fauna laboral muy singular donde están presentes muchas situaciones que han pasado por La Verdad: el editor flojo que quiere le digamos todo para que investigue sus temas; el "Matsukato" que hace corajes -¿quién será?- porque otros no toman en serio su trabajo; las salidas al bar después del trabajo para descargar el coraje tras las aburridas reuniones con el director general donde para la redacción sólo hay regaños... ¿qué más puedo decir?
Yo, Nef
Yendo ya hacia la reflexión interna y sin comparaciones, el mes de mayo y la serie de ánime me han dejado perplejo y pensativo sobre la mar de cosas que tengo en la vida laboral. ¿Me gusta mi trabajo? Sí. Nada se compara a ver una plana editada por mi persona en los estantes de periódicos en la ciudad. ¿Me siento satisfecho? Sí, porque por primera vez en la vida, me siento donde siempre quise estar. ¿Es el final? No, porque aún hay mucho que aprender. ¿Te quedarás donde estás? No. Tengo muchas inquietudes e ideas que sé no serán desarrolladas acá; y tal vez más importante, sé que muchas cosas de las que faltan por aprender me esperan en otro lado: crecer se hace todos los días, pero los empujones hacia el éxito nunca están escritos.
Cada día me siento más feliz... aunque no lo vea al momento.
Saludos.
- Estado de ánimo:
working - Música:Rage Beat, por Kinya
¡La li ho! ^_^
Muchos homosexuales han pasado por la redacción, unos abiertos y alegres, otros abiertos a medias; unos temerosos y otros de armario de cristal: toda la variedad más heterogénea que podría ocurrirse. Esta situación no nos había causado problemas... ¿cuáles? Hmmm, concretamente la falta de criterio periodístico.
Trabajar en un medio de comunicación pequeño es tentador, ya que muchas veces somos los jueces y partes de la información que desplegamos en el diario; se confía en nuestro criterio personal sabiendo -o esperando- que haremos un trabajo eficiente: información acorde a la realidad social en la que vivimos. Eso sólo pasa en un periódico pequeño, ya que en los grandes todo está ya delineado y estructurado.
Sin embargo, y siempre hay uno "sin...", ¿qué sucede cuando dejamos que la pasión nos invada la libertad puesta en nosotros? Todo se vuelve una vorágine de maldad, una oportunidad de llenar las páginas con nuestra agenda, sea buena o sea mala y como es de esperarse, la objetividad se va por el caño.
En el diario donde trabajo, como dije al principio, muchos homosexuales han trabajado -obviamente, soy uno de ellos-, y dejado su huella en los productos que se editan, siempre teniendo en mente que trabajamos para un medio de comunicación general, por lo que la "agenda gay" queda fuera de nuestras mentes: lo único homosexual es nuestra dedicación para hacer bien las cosas.
Ahora andamos con muchos problemas de esa índole en el trabajo: la llegada del judío rompió el paradigma creado por los cinco hombres homosexuales que hemos trabajado por acá. Carlos -porque también se llama así @_@- es un típico homosexual "J": divo, "conocedor" del espectáculo; desprecia el fútbol por ser "populachero", y su visión informativa está llena de detalles gay. Las ocasiones en que debe encargarse de la sección de espectáculos siempre, siempre saca un tema homosexual, no importando si tiene relevancia o no, a saber:
A mi modo de ver, para obtener el respeto por nuestra forma de vida, por el "ser homosexuales", no es nuestro deber meter con cuña los diferentes estereotipos de la comunidad LGBT; tampoco digo que ocultemos nuestra preferencia sexual, pero trabajando en un medio de comunicación no nos da carta libre para exponer nuestro punto de vista, tenemos que ser objetivos y editar para todo público.
El judío ha recibido varías llamadas de atención a ese respecto: se le ha dicho y redicho que no somos una revista gay, que modere su tratamiento de la información y la deje acorde con el diario en general, pero no hace caso. Ayer le señalé, además, varios errores en sus planas que no cambio, y descubrí otros que no había visto, ¿por qué? Porque a él nos "lo vendieron" como que sabe, además, todos sabemos que es profesor y tiene maestría en la Complutense de Madrid, por lo que, tonto de mí, confié en que tuviera visión, oportunidad y capacidad para evitar las metidas de pata, pero ahora veo que no es así.
Acá es donde viene mi parte: me falta aprender a ser jefe. Tengo la autoridad para detener sus desvaríos, sin embargo no he encontrado la forma de quitarme la carita de "niño buena onda" y ya, de plano, desconfiar de él. Dije que según nos dijeron, él sabe, y pues... confié en que eso fuera cierto, pero ya con dos ediciones arruinadas por sus falta de humildad y tacto con la información, hace necesario poner las cosas en su lugar. Sólo debo encontrar la forma de hacerlo.
Saludos.
Hoc opus hic labor est
Aquí está lo que cuesta trabajo
Aquí está lo que cuesta trabajo
Muchos homosexuales han pasado por la redacción, unos abiertos y alegres, otros abiertos a medias; unos temerosos y otros de armario de cristal: toda la variedad más heterogénea que podría ocurrirse. Esta situación no nos había causado problemas... ¿cuáles? Hmmm, concretamente la falta de criterio periodístico.
Trabajar en un medio de comunicación pequeño es tentador, ya que muchas veces somos los jueces y partes de la información que desplegamos en el diario; se confía en nuestro criterio personal sabiendo -o esperando- que haremos un trabajo eficiente: información acorde a la realidad social en la que vivimos. Eso sólo pasa en un periódico pequeño, ya que en los grandes todo está ya delineado y estructurado.
Sin embargo, y siempre hay uno "sin...", ¿qué sucede cuando dejamos que la pasión nos invada la libertad puesta en nosotros? Todo se vuelve una vorágine de maldad, una oportunidad de llenar las páginas con nuestra agenda, sea buena o sea mala y como es de esperarse, la objetividad se va por el caño.
En el diario donde trabajo, como dije al principio, muchos homosexuales han trabajado -obviamente, soy uno de ellos-, y dejado su huella en los productos que se editan, siempre teniendo en mente que trabajamos para un medio de comunicación general, por lo que la "agenda gay" queda fuera de nuestras mentes: lo único homosexual es nuestra dedicación para hacer bien las cosas.
Ahora andamos con muchos problemas de esa índole en el trabajo: la llegada del judío rompió el paradigma creado por los cinco hombres homosexuales que hemos trabajado por acá. Carlos -porque también se llama así @_@- es un típico homosexual "J": divo, "conocedor" del espectáculo; desprecia el fútbol por ser "populachero", y su visión informativa está llena de detalles gay. Las ocasiones en que debe encargarse de la sección de espectáculos siempre, siempre saca un tema homosexual, no importando si tiene relevancia o no, a saber:
- Eurovisión; festival que en América no es popular.
- "Queer as Folk: una serie popular"; WTF! y otra vez WTF! ¿Popular? Es una serie de Tv de paga, con un mercado demasiado específico para llevarlo en un diario general.
- Bomberos sexies; editó una plana entera sobre ello.
- Deportistas sin camisa; las notas sobre Rafael Nadal están ilustradas con poses sensuales, no de sus partidos.
- Columna de Guadalupe Loaeza; ¿debo decir más? -_-
A mi modo de ver, para obtener el respeto por nuestra forma de vida, por el "ser homosexuales", no es nuestro deber meter con cuña los diferentes estereotipos de la comunidad LGBT; tampoco digo que ocultemos nuestra preferencia sexual, pero trabajando en un medio de comunicación no nos da carta libre para exponer nuestro punto de vista, tenemos que ser objetivos y editar para todo público.
El judío ha recibido varías llamadas de atención a ese respecto: se le ha dicho y redicho que no somos una revista gay, que modere su tratamiento de la información y la deje acorde con el diario en general, pero no hace caso. Ayer le señalé, además, varios errores en sus planas que no cambio, y descubrí otros que no había visto, ¿por qué? Porque a él nos "lo vendieron" como que sabe, además, todos sabemos que es profesor y tiene maestría en la Complutense de Madrid, por lo que, tonto de mí, confié en que tuviera visión, oportunidad y capacidad para evitar las metidas de pata, pero ahora veo que no es así.
Acá es donde viene mi parte: me falta aprender a ser jefe. Tengo la autoridad para detener sus desvaríos, sin embargo no he encontrado la forma de quitarme la carita de "niño buena onda" y ya, de plano, desconfiar de él. Dije que según nos dijeron, él sabe, y pues... confié en que eso fuera cierto, pero ya con dos ediciones arruinadas por sus falta de humildad y tacto con la información, hace necesario poner las cosas en su lugar. Sólo debo encontrar la forma de hacerlo.
Saludos.
- Estado de ánimo:
working - Música:OST de Vicky Cristina Barcelona
¡La li ho! ^_^
Algunas personas saben de mi propia voz, otras por leer el bloguesito -gracias- que cuando estoy enfermo el síntoma principal es la hipersensibilidad: todo lo siento como un dolor profundo en el corazón -tomado como receptáculo poético de los sentimientos, claro-.
Ayer noche fue uno de esos momentos en que todo se me juntó. Al salir del trabajo donde a pesar de unos errores bien feos que tuve en la portada, la verdad es que me fue muy bien, abordé el taxi calmadamente hasta que en la radio transmitieron una canción de amor, creo que de Maná -¡peor tantito!- que por más cara de serio que tenía me hizo lagrimear súper cañón T_T. ¡Sí! Nef también llora con las canciones de amor; esta vez fue por un dibujo de despedida de una personita especial con quien me escribía muchos correos-e, pero la enfermedad y actividad me hicieron dejarle de escribir un largo tiempo... y creo que se enfadó conmigo y envío un dibujo donde me dice "adiós": me dolió en el alma -si tal cosa existiera, claro-, lloré mucho esa noche y ayer lo recordé, haciendo que las lágrimas recorrieran mis mejillas muy feo :-(.
Llegué a casa en la cuerda floja, aguantando la lloradera hasta que estuve en mi habitación. El buen Carlos I y V estaba de visita así que le conté todo, me abrazó y bueno, estuvo de llorón otro ratito. Bajamos a tomar la cena y ya se había acabado la parte más dura de la tristeza, aunque no estaba del todo de vuelta, ya que como mencioné, la tristeza viene de mi débil salud. De regreso a la habitación me la pasé charlando con Dolfo un buen rato, sacando todo cuando tenía de coraje, temor y esas cosas que me ponen de malas y triste. Obviamente, si se preguntan quién es "Dolfo", les respondo que es un amigo cariñoso que "regresó" después de un par de años... y hasta ahí, que hay cosas que las prefiero guardar sólo para mi imperial deleite.
También hay un trasfondo "egoísta" en los sentimientos de dolor: lloré también por todo lo que muchas-ciertas personas me han hecho. Nef, con todo lo que dice que es -soy-, tiene sentimientos amistosos para con muchas personas... ¡vamos! Que soy simpático, muy dadivoso y amable con la gente... pero muy poco lo son conmigo :-(. Quien diga que no espera retribución por los sentimientos, sinceramente no le creo; yo sí: trato como quiero que me traten, le marco a las personas porque quiero que también lo hagan, me hablen para saber cómo estoy... pero muy pocos lo hacen; siempre es el "tonto" de Nef quien lo hace, quedándome con un palmo de narices en retribución de la amistad que ofrezco. Eso me llegó muy duro anoche, y también por eso lloré.
Es complicado ponerse tan sensible por todo, sentir el dolor ajeno casí me tumba en la cama peor que una enfermedad, aunque sea esta la que me haya hecho sentir lo anterior. Ahora me siento mucho mejor, más calmado y tranquilo de sentimientos aunque no de salud, mi estómago -sí, ese mismo- me ha impedido ir al gimnasio hoy porque el dolor, aunque aminorado, permanece como una losa sobre él, presionando y haciendo incómodo el ejercitarse. En la redacción quien sabe como la vaya a tratar, porque a veces siento el torzón horroroso que me hace sostenerme de lo que sea para no caer; en otras ocasiones sólo muerdo los labios para que pasé el momento... hmmm, ¿por qué siento que "alguien" me va a regañar cuando lea eso?
Por ahora, lo dejamos hasta acá.
Saludos.
Ubi sunt quoque tuum sensibus
Donde están también tus sentimientos
Donde están también tus sentimientos
Algunas personas saben de mi propia voz, otras por leer el bloguesito -gracias- que cuando estoy enfermo el síntoma principal es la hipersensibilidad: todo lo siento como un dolor profundo en el corazón -tomado como receptáculo poético de los sentimientos, claro-.
Ayer noche fue uno de esos momentos en que todo se me juntó. Al salir del trabajo donde a pesar de unos errores bien feos que tuve en la portada, la verdad es que me fue muy bien, abordé el taxi calmadamente hasta que en la radio transmitieron una canción de amor, creo que de Maná -¡peor tantito!- que por más cara de serio que tenía me hizo lagrimear súper cañón T_T. ¡Sí! Nef también llora con las canciones de amor; esta vez fue por un dibujo de despedida de una personita especial con quien me escribía muchos correos-e, pero la enfermedad y actividad me hicieron dejarle de escribir un largo tiempo... y creo que se enfadó conmigo y envío un dibujo donde me dice "adiós": me dolió en el alma -si tal cosa existiera, claro-, lloré mucho esa noche y ayer lo recordé, haciendo que las lágrimas recorrieran mis mejillas muy feo :-(.
Llegué a casa en la cuerda floja, aguantando la lloradera hasta que estuve en mi habitación. El buen Carlos I y V estaba de visita así que le conté todo, me abrazó y bueno, estuvo de llorón otro ratito. Bajamos a tomar la cena y ya se había acabado la parte más dura de la tristeza, aunque no estaba del todo de vuelta, ya que como mencioné, la tristeza viene de mi débil salud. De regreso a la habitación me la pasé charlando con Dolfo un buen rato, sacando todo cuando tenía de coraje, temor y esas cosas que me ponen de malas y triste. Obviamente, si se preguntan quién es "Dolfo", les respondo que es un amigo cariñoso que "regresó" después de un par de años... y hasta ahí, que hay cosas que las prefiero guardar sólo para mi imperial deleite.
También hay un trasfondo "egoísta" en los sentimientos de dolor: lloré también por todo lo que muchas-ciertas personas me han hecho. Nef, con todo lo que dice que es -soy-, tiene sentimientos amistosos para con muchas personas... ¡vamos! Que soy simpático, muy dadivoso y amable con la gente... pero muy poco lo son conmigo :-(. Quien diga que no espera retribución por los sentimientos, sinceramente no le creo; yo sí: trato como quiero que me traten, le marco a las personas porque quiero que también lo hagan, me hablen para saber cómo estoy... pero muy pocos lo hacen; siempre es el "tonto" de Nef quien lo hace, quedándome con un palmo de narices en retribución de la amistad que ofrezco. Eso me llegó muy duro anoche, y también por eso lloré.
Es complicado ponerse tan sensible por todo, sentir el dolor ajeno casí me tumba en la cama peor que una enfermedad, aunque sea esta la que me haya hecho sentir lo anterior. Ahora me siento mucho mejor, más calmado y tranquilo de sentimientos aunque no de salud, mi estómago -sí, ese mismo- me ha impedido ir al gimnasio hoy porque el dolor, aunque aminorado, permanece como una losa sobre él, presionando y haciendo incómodo el ejercitarse. En la redacción quien sabe como la vaya a tratar, porque a veces siento el torzón horroroso que me hace sostenerme de lo que sea para no caer; en otras ocasiones sólo muerdo los labios para que pasé el momento... hmmm, ¿por qué siento que "alguien" me va a regañar cuando lea eso?
Por ahora, lo dejamos hasta acá.
Saludos.
- Estado de ánimo:
sick - Música:Vives en mí, de Benny Ibarra
¡La li ho! ^_^
Día contra la homofobia... es la primera vez desde que blogueo hace ya cinco años -todos como homosexual declarado- en que dedico algunas líneas a algo que debería de ser un tema toral de la vida diaria... ¿oh no?
Curiosamente, vivir en Cancún nos hace ver la vida homosexual muy diferente al resto de la República, ya que la apertura al mundo que tenemos como centro turístico de clase mundial, nos lleva a conocer muchas percepciones de la vida fuera de la mexicana, que no por ello podemos considerar cerrada a nosotros los homosexuales.
Así, ser gay en Cancún es mucho más fácil que en muchos lados donde realmente se sufre la discriminación social a flor de piel. En esta ciudad, no se nos excluye "per sé", la sociedad nos ve como parte integrante de la misma, un grupo social que siempre ha estado acá y nunca se irá, lo cual no excluye a muchas personas de sentir aversión hacia nosotros por múltiples razones, pero todas ellas se quedan en el ámbito particular, nunca como un común denominador a toda la comunidad cancunense.
Con estos pequeños datos en mente, es donde viene mi casi nula percepción del "día de la homofobia". ¿Cómo tomarme a pecho algo que no me ha pasado a flor de piel? Sí, es cierto que suena feo e insensible poner una cara neutra ante la situación que claramente mueve los sentimientos cuando a nuestros ojos llegan cuestiones de dura represión contra otros homosexuales o lesbiana: sin embargo considero que me haría un hipócrita de primera clase el arrojarme encima la bandera del arcoiris e ir en pos de una lucha que de primera mano no me ha afectado; ¡vamos! Que para participar con equidad y valor, es necesario sentir la consigna, no sólo hacerse el héroe de algo que no se ha sufrido y por lo cual no se puede realmente entender. ¡Ya sé! Me estoy leyendo muy "mamón", pero siempre he dicho que no se puede ir por la vida cantando sin saber solfear.
Ahora, ¿es qué nunca has sido discriminado por ser homosexual? Pues la verdad no: al haber salido del armario a los 24 años, mi adultez estaba ya bastante avanzada como para tomarme en serio burlas o críticas que alguien haya querido espetarme; incluso cuando me lo han dicho cara-cara, yo respondo con gran ecuanimidad en el mismo tono "Tío, si quieres hacerme sentir mal con eso, te equivocaste de gay". Ser parte activa de una sociedad, saber que nuestra vida tiene un rumbo, que estamos dentro de las actividades económicas, sociales y civiles de la comunidad a la que pertenecemos nos saca de cualquier ataque de discriminación.
En mi centro de trabajo, la redacción por todos conocida -obvio, los que me leen, LOL- nunca he sido tratado menos o excluido por mi condición de homosexual declarado, en primera porque mi trabajo habla por mi, segunda porque nuestro Cancún es abierto y tercera porque no me dejo: me defiendo solito y sin miedo a nada ni a nadie. Bromeamos con los compañeros que me gustan, ellos bromean conmigo y todo parejo, ya que sabemos bien que estamos en plan de guasa y nadie se ofende.
Día de la homofobia... nunca he sufrido algo así y no pienso dejar que me pase: como ser humano homosexual sé que todo está en la percepción que tenga de mí. El valor de nuestras palabras y la oportunidad de nuestras acciones son el medio adecuado para enfrentar los retos que como seres humanos se nos presentan, y recalco "humanos", porque la discriminación de cualquier clase o adorno que se le ponga no está enfocada a tal, sino al ser vivo: mujer u hombre.
Saludos.
Est unisquisque faber ipasae suae fortunae
Todo hombre es fabricante de su propia suerte
Todo hombre es fabricante de su propia suerte
Día contra la homofobia... es la primera vez desde que blogueo hace ya cinco años -todos como homosexual declarado- en que dedico algunas líneas a algo que debería de ser un tema toral de la vida diaria... ¿oh no?
Curiosamente, vivir en Cancún nos hace ver la vida homosexual muy diferente al resto de la República, ya que la apertura al mundo que tenemos como centro turístico de clase mundial, nos lleva a conocer muchas percepciones de la vida fuera de la mexicana, que no por ello podemos considerar cerrada a nosotros los homosexuales.
Así, ser gay en Cancún es mucho más fácil que en muchos lados donde realmente se sufre la discriminación social a flor de piel. En esta ciudad, no se nos excluye "per sé", la sociedad nos ve como parte integrante de la misma, un grupo social que siempre ha estado acá y nunca se irá, lo cual no excluye a muchas personas de sentir aversión hacia nosotros por múltiples razones, pero todas ellas se quedan en el ámbito particular, nunca como un común denominador a toda la comunidad cancunense.
Con estos pequeños datos en mente, es donde viene mi casi nula percepción del "día de la homofobia". ¿Cómo tomarme a pecho algo que no me ha pasado a flor de piel? Sí, es cierto que suena feo e insensible poner una cara neutra ante la situación que claramente mueve los sentimientos cuando a nuestros ojos llegan cuestiones de dura represión contra otros homosexuales o lesbiana: sin embargo considero que me haría un hipócrita de primera clase el arrojarme encima la bandera del arcoiris e ir en pos de una lucha que de primera mano no me ha afectado; ¡vamos! Que para participar con equidad y valor, es necesario sentir la consigna, no sólo hacerse el héroe de algo que no se ha sufrido y por lo cual no se puede realmente entender. ¡Ya sé! Me estoy leyendo muy "mamón", pero siempre he dicho que no se puede ir por la vida cantando sin saber solfear.
Ahora, ¿es qué nunca has sido discriminado por ser homosexual? Pues la verdad no: al haber salido del armario a los 24 años, mi adultez estaba ya bastante avanzada como para tomarme en serio burlas o críticas que alguien haya querido espetarme; incluso cuando me lo han dicho cara-cara, yo respondo con gran ecuanimidad en el mismo tono "Tío, si quieres hacerme sentir mal con eso, te equivocaste de gay". Ser parte activa de una sociedad, saber que nuestra vida tiene un rumbo, que estamos dentro de las actividades económicas, sociales y civiles de la comunidad a la que pertenecemos nos saca de cualquier ataque de discriminación.
En mi centro de trabajo, la redacción por todos conocida -obvio, los que me leen, LOL- nunca he sido tratado menos o excluido por mi condición de homosexual declarado, en primera porque mi trabajo habla por mi, segunda porque nuestro Cancún es abierto y tercera porque no me dejo: me defiendo solito y sin miedo a nada ni a nadie. Bromeamos con los compañeros que me gustan, ellos bromean conmigo y todo parejo, ya que sabemos bien que estamos en plan de guasa y nadie se ofende.
Día de la homofobia... nunca he sufrido algo así y no pienso dejar que me pase: como ser humano homosexual sé que todo está en la percepción que tenga de mí. El valor de nuestras palabras y la oportunidad de nuestras acciones son el medio adecuado para enfrentar los retos que como seres humanos se nos presentan, y recalco "humanos", porque la discriminación de cualquier clase o adorno que se le ponga no está enfocada a tal, sino al ser vivo: mujer u hombre.
Saludos.
- Estado de ánimo:
hyper - Música:Jai Ho, OST de Slumdog Millionaire
¡La li ho! ^_^
Algo que vino de cajón con las nuevas responsabilidades en la oficina es el hecho de ser jefe. Ya había hablado de forma general alguna vez sobre los vericuetos personales que ello implica, sin embargo hay un chistoso punto que, raro en mí, no había caído en cuenta total: soy un jefe homosexualmente aceptado y declarado.
La sexualidad es una mínima parte que compone el todo de una personalidad humana: tires a donde le tires es irrelevante al momento de ejercer tu trabajo ya que nadie es X o Y por la forma en que vive su sexualidad. ¿Por qué enfocarse en ese punto? Para mí es sencillo: cuando se asciende a puestos después de casi dos años de estar con "la banda" y bromear con ellos en cierto tono, resulta chistoso cuando ahora tienes que ponerles un "hasta aquí" a las cosas que antes resultaban de lo más normales. En mi caso es aún más curioso, porque siendo una redacción tan chiquita, pero tan chiquita, los puestos son tan nominales que no existe un cambio físico que denote tales, y queda en la actitud y la cantidad de labores a realizar lo que define la forma de ser de jefe o no jefe.
Así, de cajón no es raro para mis compañeros que tenga el puesto de "jefe de edición", ya que me han visto actuar como ardilla voladora desde hace tiempo. Pero, ¿cómo es ser un jefe gay totalmente fuera del closet? Evolución gracias no hay impedimentos o recelos por ello entre la banda, lo que sí, es una necesidad mía de poner ciertas cosas en claro: la primera es que ahora si yo digo "Es" es porque así; sea con el tono amable de siempre o no; lo segundo -y esto es sólo con ciertas personas- es que no acepto que me quieran ver la cara de promiscuo e insinuarse conmigo, pensando que así harán que deje de exigirles su trabajo... lo bueno es que esto no pasa mucho.
El punto más importante es, obviamente, para conmigo: Yo, Nef, debo aprender a ser más firme, más duro y no tratar de ser el "buena onda" de siempre sólo porque quiero llevar la fiesta en paz. Todos saben que soy extremadamente "simpático", no hablaré con muchos, pero siempre respondo y trato de ser... eso, simpático con las personas para tener un bonito ambiente de trabajo, pero -siempre hay uno, lo sé-, tener un puesto donde existe una responsabilidad mayor hace necesario tragarse la simpatía y ponerse exigente. Pasó algo chistoso el miércoles con el compañero judío: él no quería hacer una plana dizque porque le cae mal la corresponsal en Mérida, yo le dije "bueno, pues lo vas a hacer"; respondió que no y así estuvimos cinco segundos hasta que le solté "bueno, lo harás porque no te estoy preguntando, te lo estoy diciendo", y ya no le quedó de otra pero en típica actitud de diva me dijo "ya verás; favor con favor se paga"... -_- y él es el profesional, ¿verdad? -_-.
La lección para mí en la pasada situación es la siguiente: mi error fue querer ser simpático y preguntarle primero "¿cuál quieres hacer?" Eligió otra que prefiero la edite otra persona y bueno, pasó lo que describí. ¡Tache para mí! Sabiendo que el judío es una diva a la gogol plex potencia, debo aprender a que NO debo de preguntar, debo indicarle el trabajo y ya, fin de la historia. Por tanto, debo moderar mi simpatía para evitarme esa clase de desplantes futuros.
Haciendo resumen de mis muchas palabras, queda claro que el único que tiene que aprender una lección de todo esto es mi santa persona: seriedad, responsabilidad, firmeza y buen talante, tales son las características que a mi modo de ver definen a un buen jefe del puesto que sea. Sobre la sexualidad, afortunadamente la apertura propia sobre la mía hace imposible a cualquier persona amedrentarme: tienen un jefe homosexual y no es un secreto, así que conmigo se friegan: no me pueden sacar trapitos al sol. Así que, apartado ese punto no queda más que aprender a ser jefe, porque ser homosexual, eso vaya que si lo sé. ¿No creen?
Saludos.
Si vis scire doce
Si quieres aprender, enseña
Si quieres aprender, enseña
Algo que vino de cajón con las nuevas responsabilidades en la oficina es el hecho de ser jefe. Ya había hablado de forma general alguna vez sobre los vericuetos personales que ello implica, sin embargo hay un chistoso punto que, raro en mí, no había caído en cuenta total: soy un jefe homosexualmente aceptado y declarado.
La sexualidad es una mínima parte que compone el todo de una personalidad humana: tires a donde le tires es irrelevante al momento de ejercer tu trabajo ya que nadie es X o Y por la forma en que vive su sexualidad. ¿Por qué enfocarse en ese punto? Para mí es sencillo: cuando se asciende a puestos después de casi dos años de estar con "la banda" y bromear con ellos en cierto tono, resulta chistoso cuando ahora tienes que ponerles un "hasta aquí" a las cosas que antes resultaban de lo más normales. En mi caso es aún más curioso, porque siendo una redacción tan chiquita, pero tan chiquita, los puestos son tan nominales que no existe un cambio físico que denote tales, y queda en la actitud y la cantidad de labores a realizar lo que define la forma de ser de jefe o no jefe.
Así, de cajón no es raro para mis compañeros que tenga el puesto de "jefe de edición", ya que me han visto actuar como ardilla voladora desde hace tiempo. Pero, ¿cómo es ser un jefe gay totalmente fuera del closet? Evolución gracias no hay impedimentos o recelos por ello entre la banda, lo que sí, es una necesidad mía de poner ciertas cosas en claro: la primera es que ahora si yo digo "Es" es porque así; sea con el tono amable de siempre o no; lo segundo -y esto es sólo con ciertas personas- es que no acepto que me quieran ver la cara de promiscuo e insinuarse conmigo, pensando que así harán que deje de exigirles su trabajo... lo bueno es que esto no pasa mucho.
El punto más importante es, obviamente, para conmigo: Yo, Nef, debo aprender a ser más firme, más duro y no tratar de ser el "buena onda" de siempre sólo porque quiero llevar la fiesta en paz. Todos saben que soy extremadamente "simpático", no hablaré con muchos, pero siempre respondo y trato de ser... eso, simpático con las personas para tener un bonito ambiente de trabajo, pero -siempre hay uno, lo sé-, tener un puesto donde existe una responsabilidad mayor hace necesario tragarse la simpatía y ponerse exigente. Pasó algo chistoso el miércoles con el compañero judío: él no quería hacer una plana dizque porque le cae mal la corresponsal en Mérida, yo le dije "bueno, pues lo vas a hacer"; respondió que no y así estuvimos cinco segundos hasta que le solté "bueno, lo harás porque no te estoy preguntando, te lo estoy diciendo", y ya no le quedó de otra pero en típica actitud de diva me dijo "ya verás; favor con favor se paga"... -_- y él es el profesional, ¿verdad? -_-.
La lección para mí en la pasada situación es la siguiente: mi error fue querer ser simpático y preguntarle primero "¿cuál quieres hacer?" Eligió otra que prefiero la edite otra persona y bueno, pasó lo que describí. ¡Tache para mí! Sabiendo que el judío es una diva a la gogol plex potencia, debo aprender a que NO debo de preguntar, debo indicarle el trabajo y ya, fin de la historia. Por tanto, debo moderar mi simpatía para evitarme esa clase de desplantes futuros.
Haciendo resumen de mis muchas palabras, queda claro que el único que tiene que aprender una lección de todo esto es mi santa persona: seriedad, responsabilidad, firmeza y buen talante, tales son las características que a mi modo de ver definen a un buen jefe del puesto que sea. Sobre la sexualidad, afortunadamente la apertura propia sobre la mía hace imposible a cualquier persona amedrentarme: tienen un jefe homosexual y no es un secreto, así que conmigo se friegan: no me pueden sacar trapitos al sol. Así que, apartado ese punto no queda más que aprender a ser jefe, porque ser homosexual, eso vaya que si lo sé. ¿No creen?
Saludos.
- Estado de ánimo:
thoughtful - Música:The Queen soundtrack
¡La li ho! ^_^
¿Qué sucede cuando los sueños se vuelven realidad? Cuándo tienes lo que siempre deseaste al alcance de las manos... cuando sin esperarlo y con naturalidad eres la cabeza visible y real de tus sueños de niño. Frecuentemente sería el momento más feliz de la vida; sin embargo, algunas de las aventuras que nos provee Morfeo son muy poco prometedoras en la vida real.
Ayer en la noche, después de una jornada que parecía ser muy prometedora, todo cambió al terminar una pequeña junta que se tuvo con la dirección general donde, palabras más, palabras menos, quedó aclarado un punto importante sobre la estructura organizacional y operativa sobre el diario, y tal cosa es que en la redacción, la penúltima palabra es la mía -ó sea, sólo después de la director general-; ya que la intención es "entrenarme" para ser un director editorial. Acá cabe muy bien un "ohhhhhhhhhhhhhh" lleno de asombro, alegría y otras expresiones de júbilo y regocijo.
Sin embargo, la naturaleza humana nos hace desconfiados y por tal, algo muy "curioso" tiene esta oportunidad que se oficialmente se formaliza -ya que el trabajo de "director editorial" lo he estado haciendo desde hace un mes-: en primer lugar implica tener que estar pendiente de los caprichos del director respecto a la información y al horario que le venga a bien decidir a SU conveniencia para realizar reuniones y cambios; esto nos deja con la necesidad de preparar el hígado para los cientos de corajes por múltiples cambios que se harán al trabajo ya hecho.
Además, uno esperaría que con la responsabilidad que ha sido puesta sobre mi santa e imperial persona también los emolumentos correspondientes sean aumentados para la sana cordura y contento desempeño de tan importantes cuestiones... ¡craso error mi querido Sancho! Porque de dinero no se habló en la reunión pública ni privada, y lo que podría ser aún peor, es que no hay "espacio" para tratar ese asunto, ya que en las oportunidades en las que he intentado sacar el tema, siempre recibo las respuestas evasivas y cortantes. ¿Así como quieren que tome a gusto el trabajo? Será muy mi sueño y lo que quieran, pero no se vive del arte ni del amor: el dinero ayuda -y bastante- a mantener la felicidad en nuestros seres y por más que el mío es muy raro, en eso comparto totalmente el sentir de la mayoría de los humanos.
¿Qué hacer? Aceptar de lleno la oportunidad sería plegarme en demasía a los deseos de otra persona que, por más interesante que sea el dulce que ofrezca, yo lo veo con demasiado peligro para mí. Y tal se puede reducir a la siguiente expresión: el aceptar más responsabilidades y exigencias sin nada en cambio me parece injusto. Tomar la oportunidad de la vida debe siempre estar acompañada por una ventaja más allá de la "espiritual" -en este caso, el aprendizaje-: tengo un mes peleando con la dirección del diario, haciendo milagros de la nada -¡cálmate Jesús!- y vamos, ni las gracias me dan, aunque claro tengo que no debo esperar el agradecimiento de nadie; por esas andaba mi pensamiento hasta que salió el asunto de ayer: ni gracias ni dinero por querer hacerme vivir en el diario.
¿Qué hacer? Platicando con los compañeros y conmigo mismo, llegué a crear una interesante idea: hacer el esfuerzo pero sin dar todo de mí; en otras palabras, "hacer lo que se puede". Seguro que suena algo raro y hasta feo, pero realmente, en el diario donde trabajo, si uno se esfuerza y da lo mejor de sí de a gratis, los directivos se agarran de ahí y JAMÁS darán remuneración acorde al esfuerzo ya que para ellos es "si lo hiciste gratis, ¿para qué te pago más?", ¡así de feo! No pienso -ya en mi caso- decirles "no quiero el puesto, gracias", considero que es mejor que haga el trabajo acorde a mi estado de ánimo, templanza y dedicación correspondiente y que, si no les agrada por X o Y, me lo digan: ¿quieren a un matado que viva ahí por dos frijolitos mágicos? Búsquense a otro.
Interesante situación, ¿no?
Saludos.
Labor laetitia nostra?
¿Nuestra alegría es nuestro trabajo?
¿Nuestra alegría es nuestro trabajo?
¿Qué sucede cuando los sueños se vuelven realidad? Cuándo tienes lo que siempre deseaste al alcance de las manos... cuando sin esperarlo y con naturalidad eres la cabeza visible y real de tus sueños de niño. Frecuentemente sería el momento más feliz de la vida; sin embargo, algunas de las aventuras que nos provee Morfeo son muy poco prometedoras en la vida real.
Ayer en la noche, después de una jornada que parecía ser muy prometedora, todo cambió al terminar una pequeña junta que se tuvo con la dirección general donde, palabras más, palabras menos, quedó aclarado un punto importante sobre la estructura organizacional y operativa sobre el diario, y tal cosa es que en la redacción, la penúltima palabra es la mía -ó sea, sólo después de la director general-; ya que la intención es "entrenarme" para ser un director editorial. Acá cabe muy bien un "ohhhhhhhhhhhhhh" lleno de asombro, alegría y otras expresiones de júbilo y regocijo.
Sin embargo, la naturaleza humana nos hace desconfiados y por tal, algo muy "curioso" tiene esta oportunidad que se oficialmente se formaliza -ya que el trabajo de "director editorial" lo he estado haciendo desde hace un mes-: en primer lugar implica tener que estar pendiente de los caprichos del director respecto a la información y al horario que le venga a bien decidir a SU conveniencia para realizar reuniones y cambios; esto nos deja con la necesidad de preparar el hígado para los cientos de corajes por múltiples cambios que se harán al trabajo ya hecho.
Además, uno esperaría que con la responsabilidad que ha sido puesta sobre mi santa e imperial persona también los emolumentos correspondientes sean aumentados para la sana cordura y contento desempeño de tan importantes cuestiones... ¡craso error mi querido Sancho! Porque de dinero no se habló en la reunión pública ni privada, y lo que podría ser aún peor, es que no hay "espacio" para tratar ese asunto, ya que en las oportunidades en las que he intentado sacar el tema, siempre recibo las respuestas evasivas y cortantes. ¿Así como quieren que tome a gusto el trabajo? Será muy mi sueño y lo que quieran, pero no se vive del arte ni del amor: el dinero ayuda -y bastante- a mantener la felicidad en nuestros seres y por más que el mío es muy raro, en eso comparto totalmente el sentir de la mayoría de los humanos.
¿Qué hacer? Aceptar de lleno la oportunidad sería plegarme en demasía a los deseos de otra persona que, por más interesante que sea el dulce que ofrezca, yo lo veo con demasiado peligro para mí. Y tal se puede reducir a la siguiente expresión: el aceptar más responsabilidades y exigencias sin nada en cambio me parece injusto. Tomar la oportunidad de la vida debe siempre estar acompañada por una ventaja más allá de la "espiritual" -en este caso, el aprendizaje-: tengo un mes peleando con la dirección del diario, haciendo milagros de la nada -¡cálmate Jesús!- y vamos, ni las gracias me dan, aunque claro tengo que no debo esperar el agradecimiento de nadie; por esas andaba mi pensamiento hasta que salió el asunto de ayer: ni gracias ni dinero por querer hacerme vivir en el diario.
¿Qué hacer? Platicando con los compañeros y conmigo mismo, llegué a crear una interesante idea: hacer el esfuerzo pero sin dar todo de mí; en otras palabras, "hacer lo que se puede". Seguro que suena algo raro y hasta feo, pero realmente, en el diario donde trabajo, si uno se esfuerza y da lo mejor de sí de a gratis, los directivos se agarran de ahí y JAMÁS darán remuneración acorde al esfuerzo ya que para ellos es "si lo hiciste gratis, ¿para qué te pago más?", ¡así de feo! No pienso -ya en mi caso- decirles "no quiero el puesto, gracias", considero que es mejor que haga el trabajo acorde a mi estado de ánimo, templanza y dedicación correspondiente y que, si no les agrada por X o Y, me lo digan: ¿quieren a un matado que viva ahí por dos frijolitos mágicos? Búsquense a otro.
Interesante situación, ¿no?
Saludos.
- Estado de ánimo:
blank - Música:Popule Meus; Música Sacra Latinoamericana
¡La li ho! ^_^
No siempre tendremos el mejor día de nuestra vida: las jornadas pueden parecer como algo normal hasta que por un flechazo del mal llamado destino, caes en cuenta que algo despierta tú conciencia y te enseña una lección.
Ayer en la redacción pasaron algunas cosas poco comunes aunque harto frecuentes; esta curiosa manera de tratar el mundo es que desde ayer estamos "los jóvenes" encargados de sacar adelante el diario, sin más ni más y con los recursos que tenemos, siendo nuestra cabeza el director general y de ahí sigo yo para coordinar el botadero del día. Las cosas no distan de ser muy diferentes a lo ampliamente experimentado antes, de no ser por un hecho poco encantador pero si revelador del universo.
Al final del día me quedé a revisar unas planas e hice lo peor que puede hacer una persona con sentimientos tan inestables como yo: comparé el trabajo mío con el de alguien más. La verdad es que sentó "gacho" que mis planitas no me quedaron tan bonitas como la que hizo mi compañero, y experimente un muy, muy raro sentimiento de temor y dañina envidia por la situación. Me desesperé y al llegar a casa me puse a llorar como niño chiquito sin paleta. Siendo honestas hasta el extremo, descubrí cuan verdaderas eran las palabras de Eber, amigo psicólogo, quien hace mucho tiempo me dijo que no debería basar toda mi existencia en el trabajo porque cuando tuviera un problema en él me haría mucha falta otro pilar donde recargarme y salir del problema.
Cierto, me sentí mal porque me gustó más el otro que el mío. Cierto, fue un día laboral más, y también es harto verdadero que, bueno, ¡hoy podemos mejorar! ¡Caso resuelto! Pero para poder llegar a esta actitud la verdad es que me costó mucho lagrimeo, mucha plática con mi bro el Gamero en Zapopan y con Luis en Querétaro. Entre ambos, con diferentes palabras y formas sacaron cual era la verdad dentro de mi molestia: como el chico nuevo me cae mal, estaba ya predeterminado para no darle espacio en mi mundo, pero al ver que me gustó mucho lo que hice, la lógica se encargó de sacar el mal pensamiento previo de forma muy dolorosa porque, cual pueden imaginar, la realidad y la lógica son dolorosas de aceptar cuando se tenía antes un prejuicio anterior. Pero bueno, gracias a mi cuates -igual el apedron y el sernas- el acceso de dolor terminó, todo se puso a un lado y la vida sigue su curso.
Aprendí, de forma poco recomendable, a que todos tenemos algo bueno que ofrecer, y que debo poner, ya que soy el encargado, a un lado los problemas que me pueda causar la persona -"sorry", pero me cae mal- y avanzar. Para hoy la lección está aprendida: mejoremos; ¿podemos? ¡Claro que sí! Sólo necesitaba recordarlo :-)
Saludos.
Cuiusvis est errare; nullius nini insipientes, in errore perseverare
El errar es propio de todo hombre; pero el persisitr en el error, de nadie, sino de un necio
El errar es propio de todo hombre; pero el persisitr en el error, de nadie, sino de un necio
No siempre tendremos el mejor día de nuestra vida: las jornadas pueden parecer como algo normal hasta que por un flechazo del mal llamado destino, caes en cuenta que algo despierta tú conciencia y te enseña una lección.
Ayer en la redacción pasaron algunas cosas poco comunes aunque harto frecuentes; esta curiosa manera de tratar el mundo es que desde ayer estamos "los jóvenes" encargados de sacar adelante el diario, sin más ni más y con los recursos que tenemos, siendo nuestra cabeza el director general y de ahí sigo yo para coordinar el botadero del día. Las cosas no distan de ser muy diferentes a lo ampliamente experimentado antes, de no ser por un hecho poco encantador pero si revelador del universo.
Al final del día me quedé a revisar unas planas e hice lo peor que puede hacer una persona con sentimientos tan inestables como yo: comparé el trabajo mío con el de alguien más. La verdad es que sentó "gacho" que mis planitas no me quedaron tan bonitas como la que hizo mi compañero, y experimente un muy, muy raro sentimiento de temor y dañina envidia por la situación. Me desesperé y al llegar a casa me puse a llorar como niño chiquito sin paleta. Siendo honestas hasta el extremo, descubrí cuan verdaderas eran las palabras de Eber, amigo psicólogo, quien hace mucho tiempo me dijo que no debería basar toda mi existencia en el trabajo porque cuando tuviera un problema en él me haría mucha falta otro pilar donde recargarme y salir del problema.
Cierto, me sentí mal porque me gustó más el otro que el mío. Cierto, fue un día laboral más, y también es harto verdadero que, bueno, ¡hoy podemos mejorar! ¡Caso resuelto! Pero para poder llegar a esta actitud la verdad es que me costó mucho lagrimeo, mucha plática con mi bro el Gamero en Zapopan y con Luis en Querétaro. Entre ambos, con diferentes palabras y formas sacaron cual era la verdad dentro de mi molestia: como el chico nuevo me cae mal, estaba ya predeterminado para no darle espacio en mi mundo, pero al ver que me gustó mucho lo que hice, la lógica se encargó de sacar el mal pensamiento previo de forma muy dolorosa porque, cual pueden imaginar, la realidad y la lógica son dolorosas de aceptar cuando se tenía antes un prejuicio anterior. Pero bueno, gracias a mi cuates -igual el apedron y el sernas- el acceso de dolor terminó, todo se puso a un lado y la vida sigue su curso.
Aprendí, de forma poco recomendable, a que todos tenemos algo bueno que ofrecer, y que debo poner, ya que soy el encargado, a un lado los problemas que me pueda causar la persona -"sorry", pero me cae mal- y avanzar. Para hoy la lección está aprendida: mejoremos; ¿podemos? ¡Claro que sí! Sólo necesitaba recordarlo :-)
Saludos.
- Estado de ánimo:
dorky - Música:Este mundo va, por Miguel Bosé
¡La li ho! ^_^
Con el país en estado de alerta y las noticias que debemos editar sobre el tema de la influenza en México, pocas veces tenemos el espacio para escribir "lo que realmente sentimos" sobre este tema. ¿Qué pasa por la mente de un editor cuando debe realizar su trabajo en estas circunstancias?
Lo primero es saber hacer el trabajo: mantener la calma y saber que todo lo que lees debe ser sintetizado con el cerebro y no con el corazón. Al ser periodista, y en especial un editor con acceso a las agencias más diversas y sobre todo con la capacidad de saber usar los recursos de la internet para estar al pendiente del flujo de información, la verdad es que nos enteramos de mucha información delicada -a medias, pero delicada- que nos pre-configura las ideas al momento en que nos corresponda crear las planas informativas. "Nef, pasa la tres con está información", y aunque las notas que nuestro editor en jefe nos pasa no tienen los datos que fuimos acumulando a lo largo del día, ellos esperan que todo ese tiempo que navegamos, comentamos y charlamos entre los compañeros enriquezca la información que queremos presentar al público.
Ahora, teniendo toda esa oportunidad única de ofrecer información... ¿cómo evitamos caer en la tentación de divulgar el punto de vista? Cierto es que las planas se revisan antes de ir a rotativa, por lo que es bastante lógico que si me paso de catastrófico u oficialista me las retachan, pero cuando tienes la página del TextEdit en blanco, con las notas abiertas en el escritorio de la MAC, muchas veces he sentido las ganas de ampliarlo más allá de lo "permitido" con el objetivo "casi único" de desahogarnos. ¿De qué? Del ansia, del miedo, incertidumbre o ganas de abofetear a ciertos personajes por la estupidez que muestran ante la crisis que tenemos encima. ¿Qué quieres son? Políticos mexicanos que buscan llevar agua para su molino ante la crisis; un secretario de Salud que ante los cuestionamiento responde con evasivas y que deja mal parado al Gobierno Federal, que por su parte está haciendo las cosas como se debe; claro, a mi parecer.
En la redacción, así como en todo Cancún, estamos en calma y al pendiente de los reportes que existan que hasta el momento nos tienes libres de la influenza al igual que en los otros estados de la Península de Yucatán, sin embargo todos sabemos que esto no podrá durar mucho tiempo: somos el destino turístico más importante del país, con el segundo aeropuerto internacional más concurrido... es bastante obvio que las posibilidades de que llegue un caso de influenza a la ciudad son enormes. Charlando en confidencia con los compañeros de la redacción sabemos que hay miedo ante la situación que ninguno de nosotros podría haber concebido semanas atrás: pendientes de una epidemia como en los tiempos del virreinato.¡Claro! Sé que es una libertad histórica que me doy, pero a veces siento que así está el país, vigilando lo que sucede en los estados del centro y norte, casi, casi esperando que llegue la emergencia al sureste.
¿Cómo estoy? Bien, sano en lo que cabe ante mi sempiterna congestión nasal y esperando: esperando que los cancunenses no caigamos en la sinrazón que mostramos cuando el huracán Wilma y sepamos comportarnos en caso que la influenza llegue a nuestra ciudad. ¿Tengo miedo? No, sólo expectación... bueno, ¿por qué tendría que ponerme modoso? Sí tengo miedo a lo desconocido, temor ante la incertidumbre que un caso de influenza causaría en la comunidad de toda la Península de Yucatán. El saber todo cuanto está pasando en los estados con enfermos, la imagen que ciertos medios internacionales hacen de la situación, la forma vil y sucia en otros destinos turísticos -Rep.Dom- se están aprovechando de la situación para tirarnos tierra... a eso le tengo miedo: toda la información que tengo en la cabeza nos crea escenarios más amplios que queramos o no, nos ponen a la defensiva mental ante la situación actual.
¡Qué cosas! ¿No?
Saludos.
Saepe ne utile quidem est scire quid futurm sit
A veces es mejor no saber lo que pasará
A veces es mejor no saber lo que pasará
Con el país en estado de alerta y las noticias que debemos editar sobre el tema de la influenza en México, pocas veces tenemos el espacio para escribir "lo que realmente sentimos" sobre este tema. ¿Qué pasa por la mente de un editor cuando debe realizar su trabajo en estas circunstancias?
Lo primero es saber hacer el trabajo: mantener la calma y saber que todo lo que lees debe ser sintetizado con el cerebro y no con el corazón. Al ser periodista, y en especial un editor con acceso a las agencias más diversas y sobre todo con la capacidad de saber usar los recursos de la internet para estar al pendiente del flujo de información, la verdad es que nos enteramos de mucha información delicada -a medias, pero delicada- que nos pre-configura las ideas al momento en que nos corresponda crear las planas informativas. "Nef, pasa la tres con está información", y aunque las notas que nuestro editor en jefe nos pasa no tienen los datos que fuimos acumulando a lo largo del día, ellos esperan que todo ese tiempo que navegamos, comentamos y charlamos entre los compañeros enriquezca la información que queremos presentar al público.
Ahora, teniendo toda esa oportunidad única de ofrecer información... ¿cómo evitamos caer en la tentación de divulgar el punto de vista? Cierto es que las planas se revisan antes de ir a rotativa, por lo que es bastante lógico que si me paso de catastrófico u oficialista me las retachan, pero cuando tienes la página del TextEdit en blanco, con las notas abiertas en el escritorio de la MAC, muchas veces he sentido las ganas de ampliarlo más allá de lo "permitido" con el objetivo "casi único" de desahogarnos. ¿De qué? Del ansia, del miedo, incertidumbre o ganas de abofetear a ciertos personajes por la estupidez que muestran ante la crisis que tenemos encima. ¿Qué quieres son? Políticos mexicanos que buscan llevar agua para su molino ante la crisis; un secretario de Salud que ante los cuestionamiento responde con evasivas y que deja mal parado al Gobierno Federal, que por su parte está haciendo las cosas como se debe; claro, a mi parecer.
En la redacción, así como en todo Cancún, estamos en calma y al pendiente de los reportes que existan que hasta el momento nos tienes libres de la influenza al igual que en los otros estados de la Península de Yucatán, sin embargo todos sabemos que esto no podrá durar mucho tiempo: somos el destino turístico más importante del país, con el segundo aeropuerto internacional más concurrido... es bastante obvio que las posibilidades de que llegue un caso de influenza a la ciudad son enormes. Charlando en confidencia con los compañeros de la redacción sabemos que hay miedo ante la situación que ninguno de nosotros podría haber concebido semanas atrás: pendientes de una epidemia como en los tiempos del virreinato.¡Claro! Sé que es una libertad histórica que me doy, pero a veces siento que así está el país, vigilando lo que sucede en los estados del centro y norte, casi, casi esperando que llegue la emergencia al sureste.
¿Cómo estoy? Bien, sano en lo que cabe ante mi sempiterna congestión nasal y esperando: esperando que los cancunenses no caigamos en la sinrazón que mostramos cuando el huracán Wilma y sepamos comportarnos en caso que la influenza llegue a nuestra ciudad. ¿Tengo miedo? No, sólo expectación... bueno, ¿por qué tendría que ponerme modoso? Sí tengo miedo a lo desconocido, temor ante la incertidumbre que un caso de influenza causaría en la comunidad de toda la Península de Yucatán. El saber todo cuanto está pasando en los estados con enfermos, la imagen que ciertos medios internacionales hacen de la situación, la forma vil y sucia en otros destinos turísticos -Rep.Dom- se están aprovechando de la situación para tirarnos tierra... a eso le tengo miedo: toda la información que tengo en la cabeza nos crea escenarios más amplios que queramos o no, nos ponen a la defensiva mental ante la situación actual.
¡Qué cosas! ¿No?
Saludos.
- Estado de ánimo:
worried - Música:Dopo notte atra e funesta, de Handel; por Rolando Villazón
¡La li ho! ^_^
Hoy después de un buen día de descanso, las cosas estuvieran calmadas en la redacción, a excepción quizás de un simpático y muy poco visto hecho: hay nuevo personal. ¿Más raro aún? Es un nuevo editor :-O.
El nuevo tío se llama Carlos -como si no tuviera más de seis en mi vida, jejeje-, me dicen mis jefes que es un muchacho muy preparado, licenciado en periodismo -¡chido!-. Charlando con él ya que de una u otra forma soy su jefe, me entero que es un muchacho interesante: es gay y judío, ¡órale! Eso sí que es raro, nunca había tenido contacto con una persona que fuera las dos cosas al mismo tiempo, pero bueno, eso no es lo importa... bueno un poquito: charlando con él me di cuenta de su condición de judío, y para evitar cualquier problema con mi raro sentido del humor, le fui honesto desde el principio: soy revisionista y no me creo todas las historia de los judíos al respecto del holocausto, esto en el entendido de querer llevar la fiesta tranquila y hacerle saber que observaría un respeto a su fe, ya que una cosa es hacer bromas respecto al tema en forma superficial y otra saber que incomodamos la fe de un compañero de trabajo.
Aparte de la cuestión religiosa, durante la charla descubrí puntos muy interesantes sobre él que me llaman la atención, como que le gusta la ópera, la música clásica, los temas culturales y la lectura. Estudió una de sus maestrías en la Universidad Complutense de Madrid y todo ello: ó sea, es una persona de la cual se puede aprender mucho :-).
No me es posible negar que hay un lado negativo en todo eso, y que el mismo es producto de mis debilidades en la confianza: como yo, el buen y atolondrado Nef no tiene ni la más mínima noción de una carrera en periodismo o ciencias de la comunicación, estoy imposibilitado para evitar sentir un poco de "incomodidad" o "celos" cuando conozco a una persona que se desempeña en lo mismo que yo pero que tuvo la oportunidad de estudiarlo. No sé, es algo que no tiene mucho sentido, en especial cuando no pierdo las ganas de aprender de ellos, cuando no me amilano y mucho menos me hago chiquito cuando estoy junto a ellos: me pongo serio y demuestro porque estoy donde estoy, eso sí, siempre en súper buena onda y en compañerismo, ya que tal cosa es lo mejor que pueda haber en el mundo.
Sin embargo, me da "miedo", "temor" a ser juzgado o desplazado T_T ante ese pequeño hecho de que soy un autodidacta en el periodismo. Mis jefes, que son harto versados en la carrera conocen mi esfuerzo y dedicación; no soy perfecto, se me van a veces unos acentos o mi sempiterno problema con el plural -dislexia- me hacen regresar a las planas para componerlas. Aún con ello, en la clasificación de la información, oportunidad de las notas y redacción de la misma no he tenido fallas, incluso mi jefe directo y a quien respeto en gran manera alabó mi trabajo de edición en Semana Santa... ¿entonces? No lo sé, creo que es miedo -obvio, eso ya lo dije- que aún no puedo quitar de mi personalidad juvenil, cuando en mis años mozos -¡Ash! Fueras tan viejo, Nef- mis compañeros parecían saber bien lo que querían y "sin esfuerzo" pasaban las materias y eran felices, mientras yo vivía en la amargura de una carrera que no quería y aprobava las asignaturas por más inercia que aprendizaje.
Sé que no tiene sentido sentirme mal, porque de entrada el chico no me causa aversión alguna, porque me dan ganas de aprender de él y de todos con quienes ando, porque como he dicho antes: sin ser la eminencia en algo en particular, nunca he perdido mi capacidad de demostrar lo mucho que me gusta hacer lo que hago, y sobre todo, jamás he dejado de ser una persona humilde y conocedora de que mi trabajo y nadie más que eso me tiene donde ando.
Así, no queda más que decirme "¡vamos Nef! No pasa nada :-)". Sigue siendo tú mismo y vive, disfruta y aprende ^_^. ¿Qué no?
Saludos.
Spemque metumque inter dubliis
Entre las dudas están la esperanza y el miedo
Entre las dudas están la esperanza y el miedo
Hoy después de un buen día de descanso, las cosas estuvieran calmadas en la redacción, a excepción quizás de un simpático y muy poco visto hecho: hay nuevo personal. ¿Más raro aún? Es un nuevo editor :-O.
El nuevo tío se llama Carlos -como si no tuviera más de seis en mi vida, jejeje-, me dicen mis jefes que es un muchacho muy preparado, licenciado en periodismo -¡chido!-. Charlando con él ya que de una u otra forma soy su jefe, me entero que es un muchacho interesante: es gay y judío, ¡órale! Eso sí que es raro, nunca había tenido contacto con una persona que fuera las dos cosas al mismo tiempo, pero bueno, eso no es lo importa... bueno un poquito: charlando con él me di cuenta de su condición de judío, y para evitar cualquier problema con mi raro sentido del humor, le fui honesto desde el principio: soy revisionista y no me creo todas las historia de los judíos al respecto del holocausto, esto en el entendido de querer llevar la fiesta tranquila y hacerle saber que observaría un respeto a su fe, ya que una cosa es hacer bromas respecto al tema en forma superficial y otra saber que incomodamos la fe de un compañero de trabajo.
Aparte de la cuestión religiosa, durante la charla descubrí puntos muy interesantes sobre él que me llaman la atención, como que le gusta la ópera, la música clásica, los temas culturales y la lectura. Estudió una de sus maestrías en la Universidad Complutense de Madrid y todo ello: ó sea, es una persona de la cual se puede aprender mucho :-).
No me es posible negar que hay un lado negativo en todo eso, y que el mismo es producto de mis debilidades en la confianza: como yo, el buen y atolondrado Nef no tiene ni la más mínima noción de una carrera en periodismo o ciencias de la comunicación, estoy imposibilitado para evitar sentir un poco de "incomodidad" o "celos" cuando conozco a una persona que se desempeña en lo mismo que yo pero que tuvo la oportunidad de estudiarlo. No sé, es algo que no tiene mucho sentido, en especial cuando no pierdo las ganas de aprender de ellos, cuando no me amilano y mucho menos me hago chiquito cuando estoy junto a ellos: me pongo serio y demuestro porque estoy donde estoy, eso sí, siempre en súper buena onda y en compañerismo, ya que tal cosa es lo mejor que pueda haber en el mundo.
Sin embargo, me da "miedo", "temor" a ser juzgado o desplazado T_T ante ese pequeño hecho de que soy un autodidacta en el periodismo. Mis jefes, que son harto versados en la carrera conocen mi esfuerzo y dedicación; no soy perfecto, se me van a veces unos acentos o mi sempiterno problema con el plural -dislexia- me hacen regresar a las planas para componerlas. Aún con ello, en la clasificación de la información, oportunidad de las notas y redacción de la misma no he tenido fallas, incluso mi jefe directo y a quien respeto en gran manera alabó mi trabajo de edición en Semana Santa... ¿entonces? No lo sé, creo que es miedo -obvio, eso ya lo dije- que aún no puedo quitar de mi personalidad juvenil, cuando en mis años mozos -¡Ash! Fueras tan viejo, Nef- mis compañeros parecían saber bien lo que querían y "sin esfuerzo" pasaban las materias y eran felices, mientras yo vivía en la amargura de una carrera que no quería y aprobava las asignaturas por más inercia que aprendizaje.
Sé que no tiene sentido sentirme mal, porque de entrada el chico no me causa aversión alguna, porque me dan ganas de aprender de él y de todos con quienes ando, porque como he dicho antes: sin ser la eminencia en algo en particular, nunca he perdido mi capacidad de demostrar lo mucho que me gusta hacer lo que hago, y sobre todo, jamás he dejado de ser una persona humilde y conocedora de que mi trabajo y nadie más que eso me tiene donde ando.
Así, no queda más que decirme "¡vamos Nef! No pasa nada :-)". Sigue siendo tú mismo y vive, disfruta y aprende ^_^. ¿Qué no?
Saludos.
- Estado de ánimo:
thoughtful - Música:Beautiful, por Moby
¡La li ho! ^_^
Decir que los días pasados sin escribir han sido totalmente diferentes al tenor de la última entrada sería mentir terriblemente: la presión ha sido más que constante y los sentimientos encontrados la mar de evidentes que nunca.
Las personas que siguen mis patoaventuras en el Twitter pueden notar como cada día ha sido una constante lucha contra la incertidumbre que genera el diario donde trabajo, ya que si no es por una razón, otra cosa crear un caos total que aunque al final las cosas termina yendo por el caudal correcto, su pasó desbocado arrasa con toda idea de "tranquilidad" que pueda desear antes de poner un pie dentro del diario.
Aprendes porque aprendes
No tomo a mal las cosas: el nivel de aprendizaje diario durante las pasadas dos semanas ha sido gigantesco; el manejo del personal y temas ha sido harto satisfactorio; la capacidad para estar metido en todos lados -dentro de lo periodísticamente recomendable- me ha demostrado cuan capaz soy de mantener la calma y cabeza fría para sacar adelante la publicación. Ahora sí que, como alguien -yo- dijo sobre otra persona -yo-: ¿lo quieres? Lo tendrás: el sueño de mi vida se convirtió en realidad... algo más pronto de lo que esperaba, eso sí.
Durante las jornadas, me he visto, como dije, forzado a aprender puntos de dirección y manejo de la información que hace apenas un tiempo no estaba siquiera en idea de que pudiera hacer tales durante este primer semestre del año. Cierto es que una vez que las he hecho estas no parecen ser tan complicadas como parecían hace unos meses, pero no deja de ser un enorme avance en el constante proceso de aprender más sobre un medio de comunicación.
Es la parte que más me agrada de esta crisis de personal: conocer procesos y procedimientos que si bien son exclusivos de nuestro diario, nos dan una general idea de cómo serían en otros lugares.
Todo tiene un límite
Siempre han pensado de mí en la redacción como un chico amable, temperamental y casi, casi tierno -@_@-, que la mar de veces saben que va a decir que "sí" cuando le piden un favor. Esa actitud va acorde con mi gran afán de ser útil y desarrollarme lo más que pueda en un trabajo que siempre había soñado; sin embargo siento que mis fuerzas se están acabando con cada día que pasa: el cansancio es mucho, ya no totalmente por no contar con un día de descanso desde hace dos semanas, sino porque a veces me siento muy incómodo con las cosas que pasan.
Cierto es que me pagan puntualmente -aunque pocos lo crean- y que incluso soy al primero que le dan el sueldo y por ello no tenga queja alguna sobre ese aspecto ya que el diario me paga por trabajar, y ambos cumplimos ese acuerdo básico al pie de la letra.
Además, como curiosa situación, nadie en el periódico me puede tocar: la administración sabe con quién se mete y conmigo jamás se han puesto rejegos sobre algo que pida -aunque nunca he pedido algo- u observación que haga. El siempre cumplido Nef que en casi dos años sólo ha faltado una vez... bueno, la idea es esa. Así, con todo el respeto que me he ganado es muy cierto que no puedo quejarme de un trato discriminatorio hacia mi santa persona, pero aún así me siento muy cansado de ser niño bueno, de sentir una empatía gigantesca hacia los demás al grado de casi parecer un zombi de buen corazón.
Entonces, ¿por qué siento que me “siento mal”? No lo sé: puede ser el ambiente, la tensión, la responsabilidad que aún sé que puedo con ella, no deja de ser muy, pero muy grande: el saber que eres el responsable de una publicación escrita a nivel local sí impresiona, más cuando caes en cuenta de que TODOS, pero realmente TODOS te van a juzgar. Bueno… la verdad es que no es eso lo que me incomoda: importuna en mí como se han dado las cosas tan “inesperadamente”, ¡sí! Eso es: como mencioné al principio del presente texto, la incertidumbre de las semanas pasadas sí nos ha dado al traste muy feo, porque la sorprendente carga de responsabilidad que ahora tengo estaba planeada que me llegaría en forma paulatina bajo la guía de mis dos jefes, pero ¡oh calamidad! Las circunstancias han hecho que venga de zopetón y sin más pistas que lo que haya podido aprender antes de ello.
Ante esto, charlaba con algunos compañeros, todos mencionan algo particular: "te cargan la mano porque saben que eres capaz de hacer las cosas; vamos, que confían en tí". Eso suena muy halagador para un aprendiz de periodista que llegó "disfrazado de zanahoria" y con una biografía-ensayo de Carlos I de España y V de Alemania a la redacción... tal vez sólo necesite descansar de verdad, perderme un par de día totalmente alejando de diarios e información -¡Ja! Esa ni yo me la creí- para recuperar la tranquilidad necesaria para procesar la mar de cosas que me han pasado estas semanas, que si bien se mueven dentro del mismo tema, no dejan de crear un revoltijo de mayúsculas proporciones en mi cansado y atribulado ser.
Saludos.
Cito fit quod dii volunt
Lo que los dioses desean pasa pronto
Lo que los dioses desean pasa pronto
Decir que los días pasados sin escribir han sido totalmente diferentes al tenor de la última entrada sería mentir terriblemente: la presión ha sido más que constante y los sentimientos encontrados la mar de evidentes que nunca.
Las personas que siguen mis patoaventuras en el Twitter pueden notar como cada día ha sido una constante lucha contra la incertidumbre que genera el diario donde trabajo, ya que si no es por una razón, otra cosa crear un caos total que aunque al final las cosas termina yendo por el caudal correcto, su pasó desbocado arrasa con toda idea de "tranquilidad" que pueda desear antes de poner un pie dentro del diario.
Aprendes porque aprendes
No tomo a mal las cosas: el nivel de aprendizaje diario durante las pasadas dos semanas ha sido gigantesco; el manejo del personal y temas ha sido harto satisfactorio; la capacidad para estar metido en todos lados -dentro de lo periodísticamente recomendable- me ha demostrado cuan capaz soy de mantener la calma y cabeza fría para sacar adelante la publicación. Ahora sí que, como alguien -yo- dijo sobre otra persona -yo-: ¿lo quieres? Lo tendrás: el sueño de mi vida se convirtió en realidad... algo más pronto de lo que esperaba, eso sí.
Durante las jornadas, me he visto, como dije, forzado a aprender puntos de dirección y manejo de la información que hace apenas un tiempo no estaba siquiera en idea de que pudiera hacer tales durante este primer semestre del año. Cierto es que una vez que las he hecho estas no parecen ser tan complicadas como parecían hace unos meses, pero no deja de ser un enorme avance en el constante proceso de aprender más sobre un medio de comunicación.
Es la parte que más me agrada de esta crisis de personal: conocer procesos y procedimientos que si bien son exclusivos de nuestro diario, nos dan una general idea de cómo serían en otros lugares.
Todo tiene un límite
Siempre han pensado de mí en la redacción como un chico amable, temperamental y casi, casi tierno -@_@-, que la mar de veces saben que va a decir que "sí" cuando le piden un favor. Esa actitud va acorde con mi gran afán de ser útil y desarrollarme lo más que pueda en un trabajo que siempre había soñado; sin embargo siento que mis fuerzas se están acabando con cada día que pasa: el cansancio es mucho, ya no totalmente por no contar con un día de descanso desde hace dos semanas, sino porque a veces me siento muy incómodo con las cosas que pasan.
Cierto es que me pagan puntualmente -aunque pocos lo crean- y que incluso soy al primero que le dan el sueldo y por ello no tenga queja alguna sobre ese aspecto ya que el diario me paga por trabajar, y ambos cumplimos ese acuerdo básico al pie de la letra.
Además, como curiosa situación, nadie en el periódico me puede tocar: la administración sabe con quién se mete y conmigo jamás se han puesto rejegos sobre algo que pida -aunque nunca he pedido algo- u observación que haga. El siempre cumplido Nef que en casi dos años sólo ha faltado una vez... bueno, la idea es esa. Así, con todo el respeto que me he ganado es muy cierto que no puedo quejarme de un trato discriminatorio hacia mi santa persona, pero aún así me siento muy cansado de ser niño bueno, de sentir una empatía gigantesca hacia los demás al grado de casi parecer un zombi de buen corazón.
Entonces, ¿por qué siento que me “siento mal”? No lo sé: puede ser el ambiente, la tensión, la responsabilidad que aún sé que puedo con ella, no deja de ser muy, pero muy grande: el saber que eres el responsable de una publicación escrita a nivel local sí impresiona, más cuando caes en cuenta de que TODOS, pero realmente TODOS te van a juzgar. Bueno… la verdad es que no es eso lo que me incomoda: importuna en mí como se han dado las cosas tan “inesperadamente”, ¡sí! Eso es: como mencioné al principio del presente texto, la incertidumbre de las semanas pasadas sí nos ha dado al traste muy feo, porque la sorprendente carga de responsabilidad que ahora tengo estaba planeada que me llegaría en forma paulatina bajo la guía de mis dos jefes, pero ¡oh calamidad! Las circunstancias han hecho que venga de zopetón y sin más pistas que lo que haya podido aprender antes de ello.
Ante esto, charlaba con algunos compañeros, todos mencionan algo particular: "te cargan la mano porque saben que eres capaz de hacer las cosas; vamos, que confían en tí". Eso suena muy halagador para un aprendiz de periodista que llegó "disfrazado de zanahoria" y con una biografía-ensayo de Carlos I de España y V de Alemania a la redacción... tal vez sólo necesite descansar de verdad, perderme un par de día totalmente alejando de diarios e información -¡Ja! Esa ni yo me la creí- para recuperar la tranquilidad necesaria para procesar la mar de cosas que me han pasado estas semanas, que si bien se mueven dentro del mismo tema, no dejan de crear un revoltijo de mayúsculas proporciones en mi cansado y atribulado ser.
Saludos.
- Estado de ánimo:
tired - Música:Itsumademo, por Arashi
¡La li ho! ^_^
Cuando niño, era un chico muy solitario; no era excepcionalmente difícil de tratar -fuera de lo gruñón, que dice lo tengo heredado del tío abuelo Justo-, pero como todo mi mundo dio un giro tremendo cuando venimos a Cancún, mis amigos y actividades de "niño en sociedad" se quedaron en Oaxaca. A ello, sumemos que en Cancún nos toco vivir lejos de la escuela y por tal nunca traje amigos a mi casa para jugar o hacer la tarea.
Respecto a los chicos de mi cuadra... mis padres no permitían que jugáramos con ellos, de buenas a primera no cuestionamos tal cosa por el sencillo hecho de que no nos caían nada bien. Casi todos, al momento, tienen vidas raras y complicadas, con matrimonios jóvenes como el menor de sus problemas y cuestiones de drogas y pandillerismo el más grave. Por tal, mi hermana y yo vivimos aislados -mas no desinformados- sobre lo que pasa en nuestra alrededor. Claro está teníamos amigos en la escuela y toda la cosa, pero en casa sólo estábamos los dos. Cuando nuestros padres salían a trabajar durante las vacaciones, mi hermana y yo pasamos todo el día jugando juntos: domino, ajedrez, damas y demás; cuando queríamos estar solos, cada quien tomaba un extremo de la -en aquél tiempo- pequeña casa y hacía lo que deseaba. Para mí, el solaz estaba en dibujar y escuchar música.
Como ya he mencionado antes, de niños no teníamos mucho dinero, así que no había para mucha música. Lo curioso entre lo curioso de mi vida, es que nadie sabe cómo llegaron a casa unos cassettes de melodías clásicas; dos de ellos no tenían rótulos, creo que fueron grabados de la radio. Esos eran mis pequeños tesoros de la infancia que todas las tardes de vacaciones escuchaba en un walkman simpático color negro que había en la casa. En particular hablo de uno que viene a nombrar el título de este post: un cassette color azul con letras doradas que tenía fragmentos de varias obras, entre ellas el quinto movimiento de la Sinfonía Española de Édouard Lalo.
Decía que me gustaba mucho dibujar. Nunca aprendí a hacer humanos ni poner en papel la realidad que tenía enfrente, por el contrario, mis dibujos eran de un mundo inventado: eran el reflejo de las noticias -así como se lee- que veía en la noche llevados a un mundo de mi imaginación. En la libreta propiamente de dibujo y las hojas de mis cuadernos de la escuela dibujé un planeta, con continentes, países, capitales, culturas, historia y toda la cosa. Con decir que, cuando se dio la caída de la Unión Soviética, mis dibujos dividieron a todo un país "malvado" -¡Hey! Vivo en Occidente, LOL- en muchas pequeñas repúblicas "buenas" y lindas. A cada uno de esos países -los viejos y los nuevos- les inventé una historia y les asigné un himno nacional :-) con las melodías que había en esos viejos cassettes de música clásica *inserte lágrima de añoranza aquí*. Así, el tercer movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven se convirtió en una oda al desarme por una de las pequeñas nuevas naciones de mis dibujos y, el quinto movimiento de la Sinfonía Española devino en el himno de mi nación favorita en la libreta: Fantasía.
Al asignarle un papel en mi vida, la melodía me acompañó a todos lados: no pasaba un sólo día sin que la escuchara; en la escuela la repetía en mi mente cuando el maestro me aburría y aún cuando poco a poco dejé de dibujar, la melodía estaba conmigo como el recuerdo perene de mi infancia tranquila y feliz, porque han de saber que esa pieza musical es extremadamente -para mí- alegre y divertida, llena de vida e incluso dan ganas de bailarla... aunque no creo que Lalo la haya pensado para eso.
Esa simpática melodía radiante de vida me dio sin fin de alegría en mi infancia, me inspiraba para dibujar, para reír y disfrutar mi pequeño mundo privado: cuando dibujaba bajo un árbol de limón :-), o cuando me sentaba en el patio sólo a pensar llevaba el walkman conmigo para tararear esa canción. Como es de esperarse, el tiempo pasó, el cassette se perdió -creo que está ahora en Utah, Estados Unidos- y ya no la escucha tanto como cuando era niño. El tormento de mi terrible adolescencia la ausento de mi vida muchos años, aunque la verdad es siempre estuvo latente, esperando el momento adecuado para volver a salir: el momento en que Nef encontrara la paz... y por eso está ahora de regreso.
Mi vida no es y nunca será perfecta, pero a diferencia de hace unos años, estoy contento y sonrío mucho más que nunca, como cuando era niño y escuchaba esa melodía. El mundo ha cambiado mucho desde aquellos tiempos y obviamente yo con él, sin embargo es muy hermoso saber que el encanto de una pieza musical sigo existiendo de vínculo sólido entre el pequeño Nef niño, y el Nef adulto que está por llegar a los treinta años.
Saludos.
Música que marca la vida
Cuando niño, era un chico muy solitario; no era excepcionalmente difícil de tratar -fuera de lo gruñón, que dice lo tengo heredado del tío abuelo Justo-, pero como todo mi mundo dio un giro tremendo cuando venimos a Cancún, mis amigos y actividades de "niño en sociedad" se quedaron en Oaxaca. A ello, sumemos que en Cancún nos toco vivir lejos de la escuela y por tal nunca traje amigos a mi casa para jugar o hacer la tarea.
Respecto a los chicos de mi cuadra... mis padres no permitían que jugáramos con ellos, de buenas a primera no cuestionamos tal cosa por el sencillo hecho de que no nos caían nada bien. Casi todos, al momento, tienen vidas raras y complicadas, con matrimonios jóvenes como el menor de sus problemas y cuestiones de drogas y pandillerismo el más grave. Por tal, mi hermana y yo vivimos aislados -mas no desinformados- sobre lo que pasa en nuestra alrededor. Claro está teníamos amigos en la escuela y toda la cosa, pero en casa sólo estábamos los dos. Cuando nuestros padres salían a trabajar durante las vacaciones, mi hermana y yo pasamos todo el día jugando juntos: domino, ajedrez, damas y demás; cuando queríamos estar solos, cada quien tomaba un extremo de la -en aquél tiempo- pequeña casa y hacía lo que deseaba. Para mí, el solaz estaba en dibujar y escuchar música.
Como ya he mencionado antes, de niños no teníamos mucho dinero, así que no había para mucha música. Lo curioso entre lo curioso de mi vida, es que nadie sabe cómo llegaron a casa unos cassettes de melodías clásicas; dos de ellos no tenían rótulos, creo que fueron grabados de la radio. Esos eran mis pequeños tesoros de la infancia que todas las tardes de vacaciones escuchaba en un walkman simpático color negro que había en la casa. En particular hablo de uno que viene a nombrar el título de este post: un cassette color azul con letras doradas que tenía fragmentos de varias obras, entre ellas el quinto movimiento de la Sinfonía Española de Édouard Lalo.
Decía que me gustaba mucho dibujar. Nunca aprendí a hacer humanos ni poner en papel la realidad que tenía enfrente, por el contrario, mis dibujos eran de un mundo inventado: eran el reflejo de las noticias -así como se lee- que veía en la noche llevados a un mundo de mi imaginación. En la libreta propiamente de dibujo y las hojas de mis cuadernos de la escuela dibujé un planeta, con continentes, países, capitales, culturas, historia y toda la cosa. Con decir que, cuando se dio la caída de la Unión Soviética, mis dibujos dividieron a todo un país "malvado" -¡Hey! Vivo en Occidente, LOL- en muchas pequeñas repúblicas "buenas" y lindas. A cada uno de esos países -los viejos y los nuevos- les inventé una historia y les asigné un himno nacional :-) con las melodías que había en esos viejos cassettes de música clásica *inserte lágrima de añoranza aquí*. Así, el tercer movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven se convirtió en una oda al desarme por una de las pequeñas nuevas naciones de mis dibujos y, el quinto movimiento de la Sinfonía Española devino en el himno de mi nación favorita en la libreta: Fantasía.
Al asignarle un papel en mi vida, la melodía me acompañó a todos lados: no pasaba un sólo día sin que la escuchara; en la escuela la repetía en mi mente cuando el maestro me aburría y aún cuando poco a poco dejé de dibujar, la melodía estaba conmigo como el recuerdo perene de mi infancia tranquila y feliz, porque han de saber que esa pieza musical es extremadamente -para mí- alegre y divertida, llena de vida e incluso dan ganas de bailarla... aunque no creo que Lalo la haya pensado para eso.
Esa simpática melodía radiante de vida me dio sin fin de alegría en mi infancia, me inspiraba para dibujar, para reír y disfrutar mi pequeño mundo privado: cuando dibujaba bajo un árbol de limón :-), o cuando me sentaba en el patio sólo a pensar llevaba el walkman conmigo para tararear esa canción. Como es de esperarse, el tiempo pasó, el cassette se perdió -creo que está ahora en Utah, Estados Unidos- y ya no la escucha tanto como cuando era niño. El tormento de mi terrible adolescencia la ausento de mi vida muchos años, aunque la verdad es siempre estuvo latente, esperando el momento adecuado para volver a salir: el momento en que Nef encontrara la paz... y por eso está ahora de regreso.
Mi vida no es y nunca será perfecta, pero a diferencia de hace unos años, estoy contento y sonrío mucho más que nunca, como cuando era niño y escuchaba esa melodía. El mundo ha cambiado mucho desde aquellos tiempos y obviamente yo con él, sin embargo es muy hermoso saber que el encanto de una pieza musical sigo existiendo de vínculo sólido entre el pequeño Nef niño, y el Nef adulto que está por llegar a los treinta años.
Heri, odi, semper... Una de las piezas más hermosas de la música clásica: el Quinto Movimiento de la Sinfonía Española, de Edouard Lalo
Saludos.
- Estado de ánimo:
jubilant - Música:Quinto Movimiento de la Sinfonía Española, de Edouard Lalo
¡La li ho! ^_^
Bernando es el protagonista de las palabras antas citadas. El personaje de la novela expresa con ello su pesar ante la imposibilidad de realizar su fantasía, aunque ni el mismo sabe como llevarla acabo. Leía ese interesante fragmento y me detuvo a pensar, tanto que hasta deje de leer el libro ante la impresión que me dejo: o sea, es lo que siento en este momento -contextual, no inmediato- sobre mi vida, con el debido matiz que se debe de dar a una novela en su traspolación a la realidad, claro está.
En muchas ocasiones siento la necesidad de "wilear", de andar de coscolino o coqueto tratando de hacer realidad mi propia fantasía sin pies ni cabeza, y la describo como tal porque a bien es cierto que no sé que hacer cuando estoy en esas lider. El deseo de querer cumplir una fantasía es una realización en si misma, es parte del ideal sexual-asexual de un hombre con deseos. Lo malo es que, como describe Zapata en ese fragmento, el anhelo -más exacto a esta situación- irrealizado cada día nos cansa, agota nuestras fuerzas mentales y físicas. En mi, el mal humor se manifiesta en sobremanera al salir y "no encontrar algo", al caminar y no "levantar pasiones". Esa frustración mal disimulada por un incumplido anhelo aún peor definido lleva a esos accesos de frustración, molestia y de -para ser honestos- actitudes de diva para conmigo y medio mundo más.
Pero... ¿qué sucede cuando el deseo-anhelo se convierte en realidad?
Enfrentando la realidad, segunda parte
Apenas ayer le decía a un amiguito por teléfono que estaba pensando en dejar a un lado las aventuras sexuales -fueran tantas, aja- ante el consabido hartazgo descrito en párrafos anteriores, cuando ya estaba metido en uno con todas las pocas-medias-muchas ganas frecuentes en mi.
Sucede que ya había quedado con Daniel para "salir a jugar" a principios de la semana, pero se canceló y lo dejamos para ayer-hoy. Andaba tan enojado en el trabajo por X razón, que cuando me habló para confirmar por poco y le contesto con florido vocabulario, lo bueno fue que respiré y no insulté al muchacho, que no tiene culpa de mis asuntos laborales.
El caso, haciendo corto lo largo, es que accedí de buena gana -después de un rato, no lo niego- al juego sexual con él y sus cuates -que resultó uno de ellos "conocido" mío de meses atrás. Pasaron por mí al trabajo y nos fuimos a casa de uno de ellos. Miedo, terror; Deimos y Fobos y cosas anexas estuvieron del otro lado del mundo: andaba con ganas de jugar, de hacer algo diferente, pasarla bien y, curiosamente dentro de los sentimientos, descubrir cuan acertado andaba respecto a mi aseveración telefónica con Carlos III: "¿los juegos sexuales son lo mío o sólo me hago el chistoso?".
Usando nuevamente la tijera contextual, la noche en casa del amigo de Daniel fue interesante, me divertí a mi manera aunque creo que a los demás no les gustó mucho mi forma tan... seria. No fui una piedra andando durante la velada, pero tampoco fui el más alegre y "entrón" de la jornada, de hecho la mar del tiempo parecía como si no disfrutara, como si todo fuera mecánico y sin sabor, y no, no fue tal cosa. Sí acepto que la experiencia fue buena, pero no puedo decir que lo volvería a hacer porque algo faltaba en esa reunión: mi más recóndido deseo.
Me gustó lo que hicimos, lo que hice, lo que me hicieron, pero no fue tan excitante como hubiera querido; los tíos estaban muy bien, así que tampoco se puede decir que fuera insatisfacción física... sencillamente no es lo mío los manage à trois.
¿Dónde están mis deseos? Hace apenas un tiempo me encontraba dispuesto a los juegos, a experimentar la satisfacción sexual hasta terminar lo que hubiera que terminar. Sin embargo, a tales deseos ahora se antepone la necesidad del cariño romántico, del deseo tierno, del amor "inocente" de un par de hombres que expresan su cariño en el mundo rosa de la relación monógama en el contexto del noviazgo. En otras palabras que reducen el texto a una nada, el deseo sexual de la coquetería y modo "levanta pasiones" per se, está cambiando en mí: ya ese deseo-anhelo se está convirtiendo en un carga pesada que acaba con mis energías porque, como mencioné al principio, el anhelo no realizado es agotador de ánimo y energía. ¿Por? Bueno, cualquiera sabe que las expectativas que nos levantamos nos dan esperanzas, nos llenan de carga... para cuando se termina el anhelo y las fuerzas, ya no queda más que un cuerpo cansado. Así me siento "ahora": cansado de anhelar, de desear y de sentir algo que, para hacerla peor, no sé que es @_@.
Lo bueno de todo esto es que varias cosas si me quedan claras: Daniel me cae bien; me gusta que jueguen con mis pezones y, lo más importante, es que no quiero más juegos sexuales "subidos de tono" en este momento... reafirmo mi idea de querer algo romántico, monógamo y tierno. Afirmo, para evitar problemas, que no considero los juegos sexuales como algo malo, ¡para nada! Sencillamente ahora no me satisfacen como antes. Así de sencillo.
75.365 Orejas
Saludos.
"Por ejemplo, ahorita me siento triste, porque he estado esperando que aparezca alguien, que llegue alguien y rompa la monotonía en que vivo... Alguien con quien se dé..., que traiga consigo..., ¿cómo decirlo? en mis fantasías hay una carga afectiva, o sexual... bueno, afectiva y sexual... pero no sólo pienso en cogidas, sino... o sea, sí, la fantasía puede encarnarse en una cogida, pero si le rasco tantito, no es sólo eso, sino la necesidad de que alguien màs me acaricie... [...] Espero, y la espera parece inútil: la fantasía no se realiza; no sucede lo que espero. Pero ese deseo de que suceda me hace sentir, después, agotado... "
La historia de siempre
Luis Zapata
La historia de siempre
Luis Zapata
Bernando es el protagonista de las palabras antas citadas. El personaje de la novela expresa con ello su pesar ante la imposibilidad de realizar su fantasía, aunque ni el mismo sabe como llevarla acabo. Leía ese interesante fragmento y me detuvo a pensar, tanto que hasta deje de leer el libro ante la impresión que me dejo: o sea, es lo que siento en este momento -contextual, no inmediato- sobre mi vida, con el debido matiz que se debe de dar a una novela en su traspolación a la realidad, claro está.
En muchas ocasiones siento la necesidad de "wilear", de andar de coscolino o coqueto tratando de hacer realidad mi propia fantasía sin pies ni cabeza, y la describo como tal porque a bien es cierto que no sé que hacer cuando estoy en esas lider. El deseo de querer cumplir una fantasía es una realización en si misma, es parte del ideal sexual-asexual de un hombre con deseos. Lo malo es que, como describe Zapata en ese fragmento, el anhelo -más exacto a esta situación- irrealizado cada día nos cansa, agota nuestras fuerzas mentales y físicas. En mi, el mal humor se manifiesta en sobremanera al salir y "no encontrar algo", al caminar y no "levantar pasiones". Esa frustración mal disimulada por un incumplido anhelo aún peor definido lleva a esos accesos de frustración, molestia y de -para ser honestos- actitudes de diva para conmigo y medio mundo más.
Pero... ¿qué sucede cuando el deseo-anhelo se convierte en realidad?
Enfrentando la realidad, segunda parte
Apenas ayer le decía a un amiguito por teléfono que estaba pensando en dejar a un lado las aventuras sexuales -fueran tantas, aja- ante el consabido hartazgo descrito en párrafos anteriores, cuando ya estaba metido en uno con todas las pocas-medias-muchas ganas frecuentes en mi.
Sucede que ya había quedado con Daniel para "salir a jugar" a principios de la semana, pero se canceló y lo dejamos para ayer-hoy. Andaba tan enojado en el trabajo por X razón, que cuando me habló para confirmar por poco y le contesto con florido vocabulario, lo bueno fue que respiré y no insulté al muchacho, que no tiene culpa de mis asuntos laborales.
El caso, haciendo corto lo largo, es que accedí de buena gana -después de un rato, no lo niego- al juego sexual con él y sus cuates -que resultó uno de ellos "conocido" mío de meses atrás. Pasaron por mí al trabajo y nos fuimos a casa de uno de ellos. Miedo, terror; Deimos y Fobos y cosas anexas estuvieron del otro lado del mundo: andaba con ganas de jugar, de hacer algo diferente, pasarla bien y, curiosamente dentro de los sentimientos, descubrir cuan acertado andaba respecto a mi aseveración telefónica con Carlos III: "¿los juegos sexuales son lo mío o sólo me hago el chistoso?".
Usando nuevamente la tijera contextual, la noche en casa del amigo de Daniel fue interesante, me divertí a mi manera aunque creo que a los demás no les gustó mucho mi forma tan... seria. No fui una piedra andando durante la velada, pero tampoco fui el más alegre y "entrón" de la jornada, de hecho la mar del tiempo parecía como si no disfrutara, como si todo fuera mecánico y sin sabor, y no, no fue tal cosa. Sí acepto que la experiencia fue buena, pero no puedo decir que lo volvería a hacer porque algo faltaba en esa reunión: mi más recóndido deseo.
Me gustó lo que hicimos, lo que hice, lo que me hicieron, pero no fue tan excitante como hubiera querido; los tíos estaban muy bien, así que tampoco se puede decir que fuera insatisfacción física... sencillamente no es lo mío los manage à trois.
¿Dónde están mis deseos? Hace apenas un tiempo me encontraba dispuesto a los juegos, a experimentar la satisfacción sexual hasta terminar lo que hubiera que terminar. Sin embargo, a tales deseos ahora se antepone la necesidad del cariño romántico, del deseo tierno, del amor "inocente" de un par de hombres que expresan su cariño en el mundo rosa de la relación monógama en el contexto del noviazgo. En otras palabras que reducen el texto a una nada, el deseo sexual de la coquetería y modo "levanta pasiones" per se, está cambiando en mí: ya ese deseo-anhelo se está convirtiendo en un carga pesada que acaba con mis energías porque, como mencioné al principio, el anhelo no realizado es agotador de ánimo y energía. ¿Por? Bueno, cualquiera sabe que las expectativas que nos levantamos nos dan esperanzas, nos llenan de carga... para cuando se termina el anhelo y las fuerzas, ya no queda más que un cuerpo cansado. Así me siento "ahora": cansado de anhelar, de desear y de sentir algo que, para hacerla peor, no sé que es @_@.
Lo bueno de todo esto es que varias cosas si me quedan claras: Daniel me cae bien; me gusta que jueguen con mis pezones y, lo más importante, es que no quiero más juegos sexuales "subidos de tono" en este momento... reafirmo mi idea de querer algo romántico, monógamo y tierno. Afirmo, para evitar problemas, que no considero los juegos sexuales como algo malo, ¡para nada! Sencillamente ahora no me satisfacen como antes. Así de sencillo.
75.365 Orejas
Saludos.
- Estado de ánimo:
thoughtful - Música:S.O.S, por ABBA
¡La li ho! ^_^
El fin de semana fue bastante movido, producto en particular de un ataque de nervios. ¿Nervios? Si, ese momento tan complicado en el que todo lo que se mueve en derredor mío se transforma en un arma para decir cuan mal o no bien estoy. ¡Si! Ya sé que no tiene demasiado sentido, sin embargo el producto de os minutos de la desesperación es bastante rescatable.
El domingo rompí los parámetros de la monotonía, la red me proveyó del escapa necesario y conocí a un tío sexualmente bastante denso: denso pero tan denso que no pensé que hubiera alguien con los gustos tan parecidos a los míos. Refiérome en especial al nippleplay, que llegó a un extremo excitante y doloroso la noche del domingo. Muchas cosas probé por primera vez en esa tarde-noche; sucedieron detalles tan sorprendentes para mi mismo sobre la actitud, valentía y autocontrol de emociones que demostré. ¿Qué tanto? Vamos, demostré tal entendimiento por cosas que nunca pensé que las haría por considerarlas repugnantes o en el mejor casos "pasadas de límite", que incluso el tío este me dijo lo sorprendido que estaba: "me llama la atención como has hecho ello sin demostrar miedo o necesidad de estimulantes".
Algo que parece tan excitante no podría tener un lado oscuro... ¿oh si? Durante tres segundos de aquella noche conocí el miedo: perdí el autocontrol por menos tiempo que un suspiro cuando estuve a punto de tirar la toalla y salir por la puerta con más prisa que el correcaminos; pero no sucedió tal cosa. Lo que ocurrió fue algo más personal, interno y reflexivo sobre los acontecimientos tan "kinky" de la noche.
Descubrí la realidad de Nef; la verdad sobre lo que quiero disfrutar y sentir en la relación sexual con otro hombre. Por esos tres segundos de miedo entendí la ilusión que creé sobre mi, la mentira que forjé y que me ha impedido relacionarme con la gente y con mi enigmático interior. ¿Dónde estaba el valor? Se había ido por tres segundos. ¿Las ganas de experimentar? También se fueron. Cierto es que regresaron y me permitieron disfrutar todo lo demás sin reticencia alguna, sin embargo esa manchita en el lienzo de la noche despertó mi realidad y me mostró claramente que los límites habían sido sobrepasados por culpa de una temeridad y bizarría que nunca había mostrado antes. ¡Si! Esa noche fui valiente, audaz y temerario, pero no llenó mi necesidad... no me produjo el placer que esperaba el más real y tierno Nef. El jugar a la rudeza y a sobrepasar la barrera me dio gusto, valor, encanto y satisfacción: probé lo que siempre había querido experimentar; fui lo que en cada ocasión menciono como "lo que busco" al jugar con otro hombre, y el resultado fue mucho más revelador: ese Nef no es el verdadero yo.
Hablando con diferentes personajes de mi vida, mencionaba cuan importante fue arriesgarse esa noche a salir: al hacerlo me topé con la realidad, dejé el mundo de las mentiras, supuestos e ilusiones y encontré -ya sin tanto rollo- que he estado engañándome todo este año y pico. No soy tan rudo como pensé que era, no soy tan kinky como creía. Soy... un chico tierno que quiere un abrazo cálido, un juego amoroso y un beso revelador; si me gusta jugar un poco más allá, pero "un poco", no tan duro como experimenté esa noche. Así de simple.
Saludos.
Cosas pasan que nos cambiar la vida...
El fin de semana fue bastante movido, producto en particular de un ataque de nervios. ¿Nervios? Si, ese momento tan complicado en el que todo lo que se mueve en derredor mío se transforma en un arma para decir cuan mal o no bien estoy. ¡Si! Ya sé que no tiene demasiado sentido, sin embargo el producto de os minutos de la desesperación es bastante rescatable.
El domingo rompí los parámetros de la monotonía, la red me proveyó del escapa necesario y conocí a un tío sexualmente bastante denso: denso pero tan denso que no pensé que hubiera alguien con los gustos tan parecidos a los míos. Refiérome en especial al nippleplay, que llegó a un extremo excitante y doloroso la noche del domingo. Muchas cosas probé por primera vez en esa tarde-noche; sucedieron detalles tan sorprendentes para mi mismo sobre la actitud, valentía y autocontrol de emociones que demostré. ¿Qué tanto? Vamos, demostré tal entendimiento por cosas que nunca pensé que las haría por considerarlas repugnantes o en el mejor casos "pasadas de límite", que incluso el tío este me dijo lo sorprendido que estaba: "me llama la atención como has hecho ello sin demostrar miedo o necesidad de estimulantes".
Algo que parece tan excitante no podría tener un lado oscuro... ¿oh si? Durante tres segundos de aquella noche conocí el miedo: perdí el autocontrol por menos tiempo que un suspiro cuando estuve a punto de tirar la toalla y salir por la puerta con más prisa que el correcaminos; pero no sucedió tal cosa. Lo que ocurrió fue algo más personal, interno y reflexivo sobre los acontecimientos tan "kinky" de la noche.
Descubrí la realidad de Nef; la verdad sobre lo que quiero disfrutar y sentir en la relación sexual con otro hombre. Por esos tres segundos de miedo entendí la ilusión que creé sobre mi, la mentira que forjé y que me ha impedido relacionarme con la gente y con mi enigmático interior. ¿Dónde estaba el valor? Se había ido por tres segundos. ¿Las ganas de experimentar? También se fueron. Cierto es que regresaron y me permitieron disfrutar todo lo demás sin reticencia alguna, sin embargo esa manchita en el lienzo de la noche despertó mi realidad y me mostró claramente que los límites habían sido sobrepasados por culpa de una temeridad y bizarría que nunca había mostrado antes. ¡Si! Esa noche fui valiente, audaz y temerario, pero no llenó mi necesidad... no me produjo el placer que esperaba el más real y tierno Nef. El jugar a la rudeza y a sobrepasar la barrera me dio gusto, valor, encanto y satisfacción: probé lo que siempre había querido experimentar; fui lo que en cada ocasión menciono como "lo que busco" al jugar con otro hombre, y el resultado fue mucho más revelador: ese Nef no es el verdadero yo.
Hablando con diferentes personajes de mi vida, mencionaba cuan importante fue arriesgarse esa noche a salir: al hacerlo me topé con la realidad, dejé el mundo de las mentiras, supuestos e ilusiones y encontré -ya sin tanto rollo- que he estado engañándome todo este año y pico. No soy tan rudo como pensé que era, no soy tan kinky como creía. Soy... un chico tierno que quiere un abrazo cálido, un juego amoroso y un beso revelador; si me gusta jugar un poco más allá, pero "un poco", no tan duro como experimenté esa noche. Así de simple.
Saludos.
- Estado de ánimo:
thoughtful - Música:Kyrie, Misa en D; de Ignacio de Jerusalem. Interpretada por Chanticleer





